Ubicada en el oriente de la Ciudad de México, la estación Metro Iztacalco, correspondiente a la Línea 8 del Sistema de Transporte Colectivo, conecta a miles de personas diariamente con una de las zonas con mayor riqueza histórica y cultural de la capital. Su nombre, su símbolo y su ubicación nos remiten a una historia que comenzó mucho antes de la conquista y que aún palpita en las calles empedradas del centro tradicional de Iztacalco.
El nombre Iztacalco proviene del náhuatl y significa “en la casa de la sal”, aludiendo a su pasado como una isla dentro del lago de Texcoco, dedicada a la producción de sal. En esta región lacustre, los antiguos habitantes recolectaban sal a través de métodos tradicionales, haciendo de esta actividad una de sus principales fuentes de subsistencia. Aunque con la expansión urbana y el drenaje del lago desaparecieron las salinas, el nombre de Iztacalco nos recuerda ese pasado acuático y mineral.
El logotipo de la estación es una silueta del acceso al atrio de la Iglesia del Convento de San Matías, considerado el primer templo católico de la zona. Tras la conquista, los frailes franciscanos llegaron a evangelizar a la escasa población indígena —que apenas alcanzaba los 300 habitantes— y fundaron este convento que aún hoy forma parte del paisaje del centro de Iztacalco. A pesar del aislamiento geográfico que mantuvo bajo el crecimiento demográfico durante siglos, este punto fue crucial en el proceso de mestizaje religioso y cultural de la zona.
El actual barrio de Iztacalco conserva parte de su traza colonial. Sus siete barrios tradicionales son una joya escondida para quienes disfrutan del turismo cultural a pie: calles empedradas, templos antiguos y mercados como el peculiar Mercado Los Picos, ubicado a unas cuadras del metro. Además, justo enfrente de la estación se encuentra la parada Oriente 116 del Metrobús Línea 5, lo que hace de Iztacalco un nodo de conectividad privilegiado.
Durante años, la estación ha destacado por su afluencia. En 2014 fue la más concurrida de toda la Línea 8 con más de 7.6 millones de usuarios, y aunque su tráfico ha variado con el tiempo, sigue recibiendo a más de 20 mil pasajeros por día en jornadas laborales. Muchos de ellos se dirigen a colonias como Juventino Rosas y Los Picos, que aún conservan una identidad arraigada y comunitaria.
Más allá del transporte, Metro Iztacalco es una puerta al pasado, a un territorio que pasó de isla salinera a centro urbano sin perder sus huellas originarias. Su nombre es testimonio de la transformación de la Ciudad de México y de la permanencia de su historia indígena y colonial en el tejido urbano actual.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.