Al noroeste del Centro Histórico de la Ciudad de México, en la alcaldía Cuauhtémoc, se encuentra La Lagunilla, un barrio lleno de vida, historia y arquitectura que narra parte esencial del desarrollo urbano y cultural de la capital. Conocido principalmente por sus mercados, La Lagunilla es un espacio donde se entrelazan siglos de tradiciones, luchas y transformaciones sociales.
Orígenes: De laguna a barrio popular
A diferencia de otros barrios que nacieron sobre asentamientos prehispánicos, La Lagunilla surgió sobre una pequeña laguna natural que era una bahía del extenso lago de Texcoco. Esta laguna servía como punto de llegada y salida para embarcaciones que transportaban mercancías hacia y desde el famoso mercado de Tlatelolco, un centro comercial fundamental en la época prehispánica.
Con la llegada de los españoles y la desecación gradual de las aguas hacia finales del siglo XVI, el terreno se fue convirtiendo en un barrio poblado. La parte oriental de La Lagunilla fue la que más creció durante la colonia, y aquí se asentaron colonos españoles y criollos, fundando ermitas y parroquias, como la dedicada a Santa Catarina de Alejandría.
La época colonial: mercados, pulquerías y conspiraciones
Durante el periodo colonial, La Lagunilla se convirtió en un barrio de importancia económica y social. En la Plaza de Santa Catarina se estableció uno de los mercados más grandes de la ciudad, y a su alrededor florecieron mesones, pulquerías y tiendas que daban vida al barrio.
Una pieza arquitectónica destacada de esta época es la hornacina barroca de San Homobono y la antigua casa del diezmo en el callejón de Ecuador, que dan cuenta de la riqueza cultural que aún persiste.
Entre las anécdotas más interesantes de este tiempo destaca la conspiración de los machetes de 1799, un movimiento precursor de la independencia liderado por Pedro de la Portilla, quien planeó un levantamiento contra el dominio virreinal desde una casa en la calle República de Chile. Este episodio refleja el carácter rebelde y el espíritu independiente que ha acompañado al barrio desde entonces.
Siglo XIX: entre epidemias, motines y desarrollo
El siglo XIX fue un periodo de altibajos para La Lagunilla. En 1814, el barrio fue escenario de un motín liderado por Andrés Pérez, apodado “el Atolero”, quien encabezó una protesta contra los europeos que habitaban la zona.
Además, la epidemia de cólera en 1833 provocó un éxodo masivo de habitantes, dejando muchas casas y vecindades vacías. El escritor Guillermo Prieto describió con tristeza la desolación que quedó en el barrio durante ese tiempo.
Sin embargo, hacia finales del siglo XIX, el Porfiriato trajo estabilidad y progreso. Mejoras como la perforación de pozos para resolver el problema del agua y la cercanía con el hipódromo de Peralvillo hicieron que familias de clase media alta se establecieran en el barrio, construyendo elegantes casonas y edificios con balcones de herrería y ventanas con molduras de cantera que aún pueden admirarse hoy.
Una de las casas más emblemáticas es la Casa Tagle, adquirida en 1829 por el coronel insurgente Mariano Pérez de Tagle. La familia Tagle hizo fortuna con haciendas pulqueras y dejó como legado el bello balcón limeño republicano que da a la Plaza de Santa Catarina. En el siglo XX, esta casa fue sede de la Fundación Tagle, que apoyaba a adultos mayores.
Siglo XX: mercados, cine y cambios sociales
A principios del siglo XX, se construyó el nuevo mercado de La Lagunilla, inaugurado en 1905, que sustituyó al antiguo mercado de Santa Catarina. Más tarde, en 1957, se levantaron cuatro nuevos mercados diseñados por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, especializados en ropa, muebles, comida y artículos variados, consolidando a La Lagunilla como un importante centro de comercio popular.
Un evento trágico ocurrió en 1920 cuando un biplano de la Escuela de Aviación se estrelló en el barrio, causando la muerte de varias personas y dejando una marca imborrable en la memoria colectiva.
La zona también fue inmortalizada en el cine con las películas Lagunilla mi barrio y Lagunilla 2, protagonizadas por Héctor Suárez, que retratan con humor y cariño la vida cotidiana del barrio.
Personajes célebres que marcaron La Lagunilla
A lo largo de los siglos, La Lagunilla ha sido hogar de muchas figuras importantes:
- Francis Alÿs: artista multidisciplinario belga radicado en México.
- Luis de Alba: actor cómico de televisión y cine.
- Rodolfo Casanova “El Chango”: boxeador profesional y uno de los deportistas más populares de la primera mitad del siglo XX.
- Julio Castillo: director de teatro y actor.
- Elvira Ríos: cantante y actriz.
- Juventino Rosas: destacado compositor y músico.
- “Kid Azteca”: boxeador profesional con carrera legendaria.
- René Bejarano y Gerardo Fernández Noroña: políticos con raíces en el barrio.
Lugares emblemáticos para visitar en La Lagunilla
- Plaza de Santa Catarina: corazón histórico y punto de encuentro del barrio.
- Parroquia de Santa Catarina de Alejandría: edificio colonial con gran valor arquitectónico.
- Casa Tagle: joya arquitectónica con un balcón limeño único.
- Plaza Garibaldi: famosa por la música de mariachi y celebraciones como el Día del Músico.
- Mercado de San Camilito, Mercado de Varios y Mercado de Ropa y Telas: centros comerciales que reflejan la diversidad y el dinamismo popular.
- Galería Eugenio (Casa de las Máscaras): espacio cultural que conserva la identidad local.
- Arena Coliseo: importante escenario de lucha libre.
Festividades y tradiciones
Las tradiciones siguen vivas en La Lagunilla con celebraciones muy características, entre ellas:
- El Día del Músico (22 de noviembre): se celebra en Plaza Garibaldi con misas, procesiones y música de mariachi.
- Fiesta de Santa Catarina (25 de noviembre): aunque ha perdido fuerza, sigue siendo un referente religioso para el barrio.
- Fiesta del mercado de Zona (14 de octubre): un día de fiesta con comida, bebida, lucha libre y música.
La Lagunilla hoy: un barrio vivo y en constante transformación
Aunque ha sufrido daños por el terremoto de 1985 y los cambios sociales han provocado migraciones, La Lagunilla sigue siendo un barrio con una identidad muy marcada. Sus mercados atraen a visitantes nacionales e internacionales, y sus calles guardan las huellas de un México plural, popular y resistente.
La riqueza arqueológica también es sorprendente: en los últimos años se han encontrado plataformas y ofrendas mexicas que recuerdan el pasado indígena de la zona.
Con su mezcla de historia, arquitectura, comercio y cultura viva, La Lagunilla es uno de los barrios que mejor representa la complejidad y el alma de la Ciudad de México.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.