En pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, a tan solo unos pasos del bullicio de las avenidas principales, se esconde uno de los tesoros más entrañables de la época virreinal: el antiguo Convento de San Jerónimo. Este recinto, que hoy alberga a la Universidad del Claustro de Sor Juana, guarda entre sus muros siglos de historia, arte, espiritualidad y cultura.

Una historia marcada por mujeres visionarias

Fundado en 1585 como el Convento de Nuestra Señora de la Expectación, este espacio nació del impulso de Isabel de Guevara, una joven de familia noble que, con apenas 15 años, no solo ingresó como religiosa, sino que también financió gran parte de la construcción. Le siguió el apoyo de Isabel Barrios, una viuda acomodada que deseaba retirarse en un convento que ella misma promovió. Ambas mujeres fueron clave en la creación del primer monasterio de monjas jerónimas en la Nueva España.

Aunque originalmente se dedicó a Nuestra Señora de la Expectación, el convento pronto fue más conocido como San Jerónimo o Santa Paula, en honor a la santa romana que apoyó a San Jerónimo, patrón de la orden.

El lugar donde vivió y murió Sor Juana

Este convento es especialmente famoso por haber sido el hogar de Sor Juana Inés de la Cruz, la gran poetisa e intelectual novohispana. Aquí vivió gran parte de su vida religiosa y escribió buena parte de su obra. Aún hoy puede visitarse el coro bajo donde fue enterrada en 1695, y donde una lápida recuerda su presencia: “En este recinto que es el coro bajo y entierro de las monjas de San Jerónimo fue sepultada Sor Juana Inés de la Cruz, El 17 de abril de 1695.”

De convento a salón de baile (y de nuevo a centro cultural)

Tras la Reforma de Benito Juárez, el convento dejó de ser un espacio religioso y pasó por varias etapas: fue cuartel, hospital militar e incluso, en los años 20, un teatro y un salón de baile fundados por Antonieta Rivas Mercado, hija del arquitecto Antonio Rivas Mercado, quien recibió el edificio como forma de pago. El salón se llamó El Pirata y luego Symirna Dancing Club.

Más tarde, durante los años 70, el gobierno lo expropió y restauró, y en 1979 se transformó en sede de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Hoy, su Ex Templo funciona como auditorio cultural y lleva el nombre de una de las obras de Sor Juana: Divino Narciso.

Un conjunto arquitectónico único

El convento combina barroco herreriano con elementos tradicionales del |. Su cúpula semiesférica, sus retablos, los dos coros —el bajo reservado para las novicias— y su traza en forma de cruz lo hacen una joya arquitectónica.

Dentro del recinto hay seis patios con nombres que evocan su historia y usos: el Patio de las Novicias, el Patio de los Gatos, el de los Confesionarios, el Gran Claustro, el Patio de los Cipreses y el de la Fundación.

Entre hábitos, votos y jerarquías

La vida conventual en San Jerónimo era compleja. Las jóvenes que ingresaban debían pagar una dote considerable (hasta 3,000 pesos de la época), lo que limitaba el acceso a mujeres de familias criollas o españolas. Cada religiosa tenía un rol específico: desde priora, vicaria y celadora, hasta enfermera, maestra de novicias y correctora de rezos. Todo estaba regido por una estricta jerarquía y normas de clausura.

Gracias a estudios realizados en los años 60, se sabe que muchas de las monjas fueron enterradas con objetos personales como cruces, medallas y coronas de alambre. Estos hallazgos ofrecen una mirada íntima a sus vidas.

Un espacio que sigue vivo

Hoy, el ex convento de San Jerónimo no solo preserva el legado de Sor Juana, sino que también alberga exposiciones, conciertos, conferencias y altares monumentales de muertos cada año. Figuras como Octavio Paz, Carlos Monsiváis, Juan Ramón de la Fuente y Rita Guerrero de Santa Sabina han pasado por sus salones, haciendo de este recinto un verdadero epicentro de la cultura mexicana.

Si visitas el centro de la Ciudad de México, tómate un momento para perderte entre los muros de este antiguo convento. Más allá de su arquitectura o su historia, lo que encontrarás es un lugar lleno de memoria, belleza y sabiduría femenina.