Un rincón con siglos de historia en el corazón de la CDMX
En pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, entre calles con siglos de pasos y relatos, se encuentra el Templo de Santa Catalina de Siena. Aunque hoy es un templo presbiteriano, sus muros guardan los ecos de un pasado lleno de transformaciones religiosas, anécdotas históricas y momentos clave de la historia nacional.
De convento dominico a templo presbiteriano
La historia de este sitio comienza en 1593, cuando monjas dominicas fundaron el Convento de Santa Catalina de Siena, trasladándose desde Oaxaca. Primero ocuparon casas prestadas por tres hermanas conocidas como “las Felipas”, pero pronto adquirieron un terreno más amplio en la calle de las carnicerías, hoy conocida como República de Argentina.
La construcción del templo inició oficialmente el 15 de agosto de 1619, bajo la dirección del arquitecto Alonso de Larco y financiada por Juan Márquez de Orozco, importante benefactor de la orden dominica. Fue consagrado en 1623 por el entonces arzobispo Juan Pérez de la Serna.
Durante más de dos siglos, el convento funcionó como un espacio de vida religiosa. Sin embargo, el siglo XIX trajo consigo cambios radicales. En 1863, con la Segunda Intervención Francesa, las monjas fueron expulsadas y el convento se transformó temporalmente en un hospital militar. Aunque regresaron brevemente, en 1867 fueron exclaustradas definitivamente tras la caída del Segundo Imperio y la aplicación de las Leyes de Reforma.
Una celda para la Corregidora
Uno de los episodios más memorables que se vivieron dentro de estos muros fue el encierro de Josefa Ortiz de Domínguez, la Corregidora. En 1815, fue trasladada aquí como prisionera por su participación en el movimiento independentista. Permaneció en el convento hasta 1817, cuando recibió el indulto del virrey Apodaca.
Arquitectura que narra su historia
El templo conserva su imponente fachada barroca, con una doble entrada típica de los conventos femeninos coloniales. Aunque la mayor parte del convento original desapareció o fue modificada (una parte importante se convirtió en la Antigua Escuela de Jurisprudencia), el templo aún muestra elementos arquitectónicos originales que permiten imaginar su antigua grandeza.
En el siglo XX, después de haber sido cerrado por completo durante la Guerra Cristera, la iglesia fue cedida en 1933 a la Iglesia Presbiteriana de México. Desde entonces, ha sido cuidada por esta comunidad, que hizo algunas adaptaciones mínimas como la sustitución del piso de madera por baldosas de barro.
Un templo abierto al público… y a la memoria
Hoy en día, el Templo de Santa Catalina de Siena sigue funcionando como recinto religioso presbiteriano. Aunque su interior es sobrio, precisamente esa austeridad permite contemplar su arquitectura con serenidad y respeto. Para quienes desean conocer el pasado de la ciudad más allá de los grandes monumentos, este lugar ofrece una experiencia íntima, cargada de historia, resistencia y fe.
Visitar este templo no es solo recorrer un edificio, es asomarse a los múltiples rostros de la historia de México: la vida conventual femenina, las luchas por la independencia, las transformaciones religiosas y urbanas, y la resistencia cultural.
¿Sabías que…?
- Catalina de Siena, quien da nombre al templo, fue una figura clave en la historia de la Iglesia. Mística y escritora, fue canonizada en 1461 y nombrada Doctora de la Iglesia en 1970.
- La calle que albergaba el convento se llamó por años “Santa Catalina de Siena” antes de ser renombrada como República de Argentina en 1928.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.