Justo al lado del majestuoso Templo Mayor, en el corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México, se encuentra un espacio que conecta el pasado prehispánico con el presente urbano: la Plaza del Seminario, también conocida oficialmente como Plaza Manuel Gamio. Este lugar no solo es un acceso importante al museo arqueológico más simbólico del país, sino también una ventana a la historia, la arquitectura colonial y el pensamiento indigenista del siglo XX.
Entre templos, seminarios y universidades
La historia de esta plaza comienza desde los primeros años de la Colonia. Aquí, en los alrededores, Alonso García Bravo trazó el primer diseño urbano de la naciente Ciudad de México en la década de 1520. Poco después, en 1551, se fundó la Real y Pontificia Universidad, germen de lo que hoy conocemos como la UNAM.
El lugar también tomó el nombre de Seminario Conciliar de San Pablo, fundado en 1689, que se mantuvo en pie hasta su demolición en 1861. Aunque fue eliminado físicamente hasta 1928, el nombre “Seminario” persiste en la memoria del lugar: tanto la calle que bordea la plaza como los comercios cercanos lo siguen usando.
Manuel Gamio y el redescubrimiento del Templo Mayor
La plaza rinde homenaje a Manuel Gamio, pionero de la arqueología moderna en México, defensor de los derechos indígenas y líder del movimiento indigenista en el siglo XX. En 1913, Gamio descubrió en esta zona una esquina del antiguo Templo Mayor, desmontando la idea de que estaba oculto debajo de la Catedral. Décadas después, en 1978, tras nuevos hallazgos, comenzó la recuperación integral del sitio arqueológico.
Hoy, en el centro de la plaza, se encuentra una fuente con una maqueta de la antigua Tenochtitlan, que permite imaginar cómo era esta ciudad mexica antes de la llegada de los españoles.
Una plaza viva: arte, tradición y memoria
Además de ser una puerta al pasado, la Plaza del Seminario es un espacio lleno de vida. Día tras día, visitantes nacionales e internacionales se mezclan con bailarines tradicionales, quienes, con incienso, caracoles y vestimentas prehispánicas, recrean rituales que evocan el esplendor de México-Tenochtitlan.
Al oeste de la plaza se encuentra el imponente Sagrario Metropolitano, mientras que hacia el sur se extiende la Plaza de la Constitución, corazón cívico de la ciudad. Por su ubicación estratégica, esta plaza se convierte en un cruce entre lo ceremonial, lo histórico y lo cotidiano.

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