En la colonia Del Valle, una de las calles más conocidas lleva el nombre de Adolfo Prieto, y aunque muchxs lo identificamos como una simple dirección en la Ciudad de México, detrás de ese nombre hay una historia de trabajo, generosidad y visión empresarial que vale la pena conocer.

Adolfo Prieto y Álvarez de las Vallinas nació en 1857 en Sama de Grado, Asturias, España. Aunque inició estudios en Filosofía y Letras, su destino lo llevó por otro camino: a finales del siglo XIX emigró a México, donde se convirtió en una figura clave para la industria del norte del país. Fue uno de los fundadores de la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, pieza central en el desarrollo económico e industrial de México durante el siglo XX.

Pero Adolfo Prieto no solo fue un gran empresario; también fue un filántropo comprometido. Fundó escuelas, apoyó hospitales y promovió el bienestar de los trabajadores. En Monterrey impulsó la “Escuela Acero” y creó cooperativas donde los obreros podían adquirir productos básicos a precios accesibles. Incluso donó terrenos para espacios públicos, como el actual Parque España, que él regaló a la ciudad en honor a su país natal.

Uno de los legados más personales que dejó fue la Maternidad María Josefa, nombrada así en memoria de su única hija fallecida en la infancia. Este gesto resume su profunda sensibilidad social, que combinó con una vida empresarial exitosa.

Hoy en día, la calle Adolfo Prieto en la CDMX no solo conecta puntos en un mapa urbano, sino que también rinde homenaje a un personaje que, desde el norte del país, dejó huella en la historia industrial y humana de México.