De joven, Boon soñaba con ser escritor. Pero las ideas de su madre y los desaires de su hermano mayor lo empujaron a estudiar antropología forense. No quería tratar con personas que aún pudieran hablar, sino con aquellas que ya no podían hacerlo. Su misión: reconstruir las historias de quienes murieron en circunstancias enigmáticas y darles un cierre a ellos y a sus familias.

Murdock, en cambio, era un joven como cualquier otro. Como Boon en su juventud, tenía sueños por escribir. Pero todo cambió el 6 de febrero de 1991, día de San Gastón. Esa mañana despertó con un impulso imparable por hablar. Le dijo a sus padres lo horrible que era tirarse en la sala a ver televisión; se subió al camión de la ruta 127 y habló —o más bien se quejó— con lxs pasajerxs que solo querían leer en paz; llegó a su clase de geografía y no dejó de hablar sobre lo inútil del conocimiento (terminó en la dirección). Su voz no era otra cosa que una expresión desesperada de la rabia que llevaba dentro.

Noruega, otra joven probablemente de la misma edad que Murdock, un día simplemente decidió no salir más de su habitación. Sus padres, preocupados, acudieron al maestro de matemáticas de la joven, el señor Boltansky, buscando respuestas.

Años después, tras haber reconstruido cientos de historias a través de la ciencia, Boon recibe el caso más impactante de su carrera. En 2005 llegan a su laboratorio dos cuerpos irreconocibles: un hombre y una mujer de unos dieciocho años, muertos por hipotermia alrededor de 15 años atrás. Lo asombroso no fue solo el hallazgo en sí, sino la forma en que fueron encontrados: abrazados, fusionados por el paso del tiempo en un abrazo imposible de separar.

¿Quiénes eran esos dos jóvenes? ¿Cómo murieron? En su intento por resolver el misterio, Boon se verá obligado a enfrentar su pasado: aquel tiempo en que deseaba escribir y entender la belleza.

Sedientos es una obra del dramaturgo libanés-canadiense Wajdi Mouawad, que explora la belleza a través de la rabia, la pérdida, la memoria y la hermandad. En esta nueva puesta en escena, traducida por Humberto Pérez Mortera y dirigida por Enrique Aguilar, la historia se narra con una intensidad que crece desde el primer monólogo, sin dejar de incluir momentos de humor que relajan al público antes de sumergirlo en un drama conmovedor.

La dirección construye una experiencia emocional intensa, en una línea distinta —más visceral y cruda— que la versión de Hugo Arrevillaga en 2017, también con traducción de Pérez Mortera. Esta lectura escénica resalta por su humanidad y crudeza.

El elenco está conformado por Antón Araiza como Boon, quien construye un personaje maduro y contenido; Nabí Garibay como Murdock, lleno de furia e intensidad; y Mel Fuentes como Noruega, quien, a pesar de tener menos líneas, se impone con una expresividad poderosa y conmovedora. Juntxs, ofrecen un retrato colectivo de la vulnerabilidad, la belleza y la necesidad de entender lo incomprensible.

Vale mucho la pena ver esta versión de Sedientos, que logra conmover desde la palabra y el silencio, desde la ciencia y la poesía. Solo queda una función más, así que no te la pierdas.

Datos Generales
Lugar:  Teatro La Capilla – Madrid 13, Del Carmen, Coyoacán, Ciudad de México, CDMX
Costo del Boleto: $350 pesos
Funciones: Jueves 20:00 hrs.
Dramaturgia: Wajdi Mouawad
Traducción: Humberto Pérez Mortera
Dirección: Enrique Aguilar
Elenco: Antón Araiza, Mel Fuentes, Nabí Garibay