Ella había decidido vestir de negro durante un año como una forma de respeto por el luto de su madre. Estaba devastada, no solo por la pérdida de su madre, sino también porque enfrentaba una dura batalla legal para conservar la custodia de su hijo. Su exesposo no solo quería arrebatárselo, sino que planeaba llevárselo a otro rincón del mundo. Si perdía, ya no podría volver a ver a su hijo.

Un día, en medio de su clase de griego antiguo, el profesor le pidió que leyera en voz alta una frase escrita en el pizarrón. Pero ella no pudo hacerlo, había perdido la voz. Su cuerpo, quebrado por el dolor, le había arrebatado hasta la posibilidad de hablar.

Él había nacido en Corea, pero a los catorce años su familia se mudó a Alemania. Fue allí cuando descubrió que sufría de retinosis pigmentaria, una enfermedad que lo condenaba, poco a poco, a la ceguera. El mismo día de su diagnóstico conoció a su primer amor: la hija sorda de su optometrista, quien, de manera inesperada, le mostró otra forma de mirar el mundo.

Años después, convertido en un apasionado lector de Borges y estudioso de la filosofía griega, regresó a Corea para enseñar griego antiguo. Una noche, en medio de una clase, pidió a una de sus alumnas que leyera lo que había escrito en el pizarrón. Ella no respondió, permaneció inmóvil, muda, como si el silencio fuese la única respuesta posible.

La Clase de Griego es la quinta novela de Han Kang, la escritora coreana que en 2025 obtuvo el Premio Nobel de Literatura. Se trata de una novela breve pero intensa, que relata la vida de una mujer que padece mutismo y de su maestro de griego, que enfrenta la pérdida progresiva de la visión. En su encuentro, ambos se convierten en espejos del dolor del otro, pero también en una inesperada fuente de apoyo, como si solo ellos fueran capaces de comprenderse.

Como ocurre en otras obras de Han Kang —al menos en La vegetariana y Actos humanos, que he tenido la fortuna de leer—, la narrativa se sostiene en una prosa sencilla y profunda, capaz de introducirnos de lleno en el universo emocional de sus protagonistas. La autora nos permite sentir la soledad, la ansiedad y la oscuridad que los rodea, pero también nos abre una puerta hacia la ternura que surge cuando dos almas heridas se encuentran.

Con esta novela, Han Kang confirma su maestría para retratar la fragilidad humana y la resistencia del espíritu. La Clase de Griego no es solo una historia de dolor compartido, sino también un recordatorio de que, incluso en medio de la pérdida y la desesperanza, siempre existe la posibilidad de un lenguaje común que nos rescate: el de la empatía y la compañía.