Un equipo interdisciplinario trabaja con cinco colecciones osteológicas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para reconstruir cómo se mezclaron las poblaciones en México durante los últimos cinco siglos. Los primeros resultados fueron presentados durante la conferencia La huella de la desigualdad, una aproximación bioarqueológica al mestizaje en México, realizada el 20 de noviembre de 2025 en El Colegio Nacional.

El proyecto AdMEXture, integrado por especialistas del INAH, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad de Burgos (España), analiza restos óseos del Posclásico Tardío y de los primeros años del contacto entre culturas americanas, europeas y africanas. Su objetivo es rastrear la ancestralidad genética de diversos grupos y, a partir de ello, comprender cómo se configuraron jerarquías sociales y desigualdades que han marcado la historia del país.

Las colecciones que cuentan la historia del mestizaje

Las muestras provienen de cinco contextos arqueológicos y coloniales: el Pabellón Escénico Chapultepec, el Panteón de Santa Paula, el Hospital del Amor de Dios (antigua Academia de San Carlos), la colonia Los Olmos en Hidalgo y la Zona Arqueológica del Templo Mayor. Todas ellas se resguardan en la Sección de Bioarqueología de la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH.

En el caso del Templo Mayor, se eligieron restos de 66 individuos procedentes de 14 ofrendas y otro contexto independiente, correspondientes a las etapas constructivas de los gobiernos de Motecuhzoma Ilhuicamina, Axayácatl y Ahuízotl. Gracias a estudios previos, se sabe que algunos individuos eran habitantes locales, otros llegaron a Tenochtitlan durante su infancia y unos más arribaron poco antes de morir.

Cómo se estudia el pasado desde el ADN

En abril de 2025, el equipo realizó la extracción de ADN antiguo, un proceso que incluyó registro gráfico, perfil biológico, digitalización 3D, análisis de microdesgaste dental y muestreo de dientes o hueso petroso. Las muestras fueron enviadas a la Universidad de Burgos, donde se estudian las líneas maternas y paternas para mapear la ancestralidad de cada individuo.

Los resultados preliminares muestran que los restos prehispánicos analizados conservan una ancestralidad completamente americana. En contraste, los individuos del periodo posterior al contacto ya presentan combinaciones genéticas africanas y europeas. Un caso llamativo es el de Los Olmos: aunque varios sujetos muestran rasgos culturales europeos, su ADN continúa siendo 100% americano.

Otro hallazgo relevante proviene de la colección de San Carlos: uno de los individuos cuenta con linaje materno europeo y linaje masculino africano, mientras que otro muestra proporciones similares de ancestralidad europea, americana y africana, pese a tener ADN mitocondrial africano.

Qué nos dicen estos datos sobre la desigualdad

Para la académica Cristina Valdiosera Morales, identificar linajes no solo ayuda a rastrear movimientos poblacionales, sino también a comprender cómo se configuraron estructuras sociales y relaciones de poder. Es decir, las variaciones genéticas permiten observar la desigualdad como un fenómeno histórico que se refleja directamente en los restos humanos.

Esta investigación abre nuevas posibilidades para entender cómo se vivió el mestizaje más allá del discurso tradicional y cómo influyó en las dinámicas culturales, políticas y sociales que aún persisten en México.