En la Colonia Del Valle, una de las zonas más transitadas y emblemáticas de la Ciudad de México, corre la calle Pedro Romero de Terreros, conocida comúnmente como Romero de Terreros. Como muchas de las avenidas de la ciudad, su nombre rinde homenaje a un personaje fundamental del periodo virreinal: Pedro Romero de Terreros, I conde de Regla, considerado uno de los hombres más ricos e influyentes del siglo XVIII en la Nueva España.
Nacido en 1710 en Cortegana, Andalucía, Romero de Terreros llegó a América tras abandonar sus estudios en Salamanca, llamado por un tío que se había convertido en un próspero minero en Querétaro. Ese viaje, marcado incluso por una tormenta que casi hunde el barco y lo llevó a encomendarse a la Virgen de Regla, sería el inicio de una vida extraordinaria. Tras la muerte de su tío, Romero de Terreros asumió sus negocios y comenzó a expandirlos con una habilidad fuera de lo común, hasta convertirse en el principal empresario de las minas de Real del Monte y Pachuca, una zona que concentraba algunas de las vetas de plata más ricas del continente.
Su riqueza provino de la explotación de las vetas Vizcaína, Bonanza y otras de gran productividad, así como de un conjunto de haciendas conocidas como Haciendas de Regla, donde se procesaba la plata. A partir de esos ingresos, Romero de Terreros construyó una fortuna que lo volvió figura central del virreinato. Era propietario de la famosa Casa de la Plata en el centro de México y, más tarde, recibiría el título de conde de Regla de parte del rey Carlos III.
Pero el nombre de Romero de Terreros no solo se recuerda por su poder económico, sino por sus grandes obras filantrópicas y culturales. Donó cantidades millonarias a colegios, hospicios y conventos en Querétaro, Pachuca, Zacatecas y la Ciudad de México. Financió la fallida misión de San Sabá en Texas, costeó barcos de guerra para la Corona y destinó recursos para instituciones educativas religiosas. Su legado más importante para la historia mexicana fue la fundación del Sacro Real Monte de Piedad de Ánimas en 1775, antecesor directo del Nacional Monte de Piedad, una institución de asistencia que aún hoy ofrece préstamos prendarios con fines sociales.
Romero de Terreros también vivió momentos de conflicto; fue protagonista indirecto de disturbios mineros en Real del Monte por las duras condiciones laborales y la regulación del “partido”, la parte del mineral que los trabajadores podían conservar. Aun con estos episodios, la magnitud de su influencia social, económica y política lo convirtió en uno de los personajes más decisivos del siglo XVIII novohispano.
Murió en 1781 en su hacienda de San Miguel Regla, dejando un legado monumental que se extendió desde la minería hasta la filantropía y la vida pública. Su descendencia continuó con títulos nobiliarios como el marquesado de San Francisco y San Cristóbal, y el condado de Regla.
Hoy, la calle Romero de Terreros en la Del Valle es un recordatorio urbano del impacto de este empresario y benefactor. La vía, que conecta zonas residenciales, comerciales y de gran movilidad, lleva el nombre de un hombre que contribuyó decisivamente al desarrollo económico y social de la Nueva España, y cuya huella permanece viva en instituciones que aún forman parte de la vida cotidiana de millones de personas.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.