En la Universidad del Claustro de Sor Juana, el legado de la Décima Musa resonó entre generaciones durante la presentación del libro Mujeres que rompieron el techo de cristal, una obra coral que entreteje experiencias de resistencia, reinvención y lucha por la igualdad. El auditorio, lleno de estudiantes, académicas, activistas y lectoras, se convirtió en un espacio donde la palabra volvió a ocupar el lugar que históricamente le ha sido disputado a las mujeres.

La rectora Carmen López Portillo Romano abrió el encuentro con un verso de Sor Juana que aún interpela al presente. Desde ahí trazó un puente entre la vida de la monja jerónima y las historias reunidas en este volumen: mujeres que, como ella, enfrentaron silencios impuestos y sistemas que les exigieron renunciar a estudiar, pensar o decidir por sí mismas. La rectora recordó que las desigualdades de género siguen marcando la vida de millones en México, desde la pobreza y la brecha salarial hasta la carga del trabajo de cuidados no remunerado.

Las autoras Vera Moreno, Patricia Olamendi Torres, Mercedes Civarolo, Nora Frías Mendoza, Verónica Adrián Palma y Sylvia Sánchez Alcántara compartieron capítulos de sus trayectorias, tejidas con violencia estructural, pero también con valentía, creatividad y determinación. Las voces dialogaron entre sí: el miedo que se transforma en motor, la defensa de los derechos humanos, la batalla contra los techos internos, la experiencia de la seguridad pública, la sanación a través del servicio y la pasión como fuerza transformadora. Aunque ausente por motivos de viaje, la mexicana María Luisa Flores del Valle envió un mensaje que subrayó la importancia de construir cimientos sólidos para las generaciones futuras.

El encuentro tomó un giro profundamente emotivo cuando jóvenes asistentes se sumaron a la conversación. Muchas agradecieron a estas escritoras por abrirles caminos que antes parecían imposibles y por mostrar que la lucha por la igualdad no pertenece solo al pasado, sino que se construye día a día en comunidad.

En este diálogo intergeneracional, Sor Juana emergió no como figura distante, sino como una presencia viva que sigue guiando debates contemporáneos sobre libertad, palabra y dignidad. El Claustro se convirtió en un espacio de resonancia donde las historias personales señalaron un horizonte compartido: ninguna conquista está garantizada y los avances solo perduran cuando las voces se sostienen unas a otras.

Así, la presentación del libro no fue únicamente un acto literario, sino un recordatorio de la vigencia del pensamiento de Sor Juana y del poder político de la experiencia narrada. En un país donde las desigualdades persisten, estas historias funcionan como testimonio, denuncia y afirmación de futuro. Cuando la palabra de las mujeres se escribe desde la entraña y se comparte en comunidad, como recordó López Portillo, es capaz de fracturar cualquier techo de cristal.