El Museo Mural Diego Rivera abrió una puerta sensible hacia uno de los momentos que transformó para siempre a la Ciudad de México. Con la exposición Tectónica de la memoria: 1985–2025, el recinto del INBAL reúne fotografías, pinturas, dibujos y collages que dialogan con el sismo del 19 de septiembre de 1985, una fecha que aún vibra en la memoria colectiva y que redefinió el paisaje urbano, social y emocional de la capital.

La muestra está construida como un mapa de testimonios visuales. Los visitantes pueden recorrer imágenes que registran la devastación del Hotel Regis, el colapso del edificio Nuevo León en Tlatelolco o los daños en hospitales que marcaron la emergencia de aquella mañana. Las piezas, provenientes de colecciones públicas y privadas, capturan tanto la fragilidad del momento como la fuerza comunitaria que surgió entre los escombros.

Entre las obras destacan los trabajos de Adolfo Riestra, Bob Schalkwijk, Georgiana Quintana y Marta María Pérez Bravo, cuyas miradas sostienen distintas capas emocionales y estéticas sobre el desastre. No se trata solo de documentación: cada obra construye un puente entre el recuerdo y la interpretación artística, recordándonos que la memoria también se escribe con luz, pigmento y textura.

La curaduría de Irving Domínguez orienta el recorrido hacia las transformaciones del entorno inmediato del museo. El propio edificio del recinto es parte del relato: construido sobre el predio del antiguo estacionamiento del Hotel Regis, el inmueble nació para resguardar el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central de Diego Rivera, símbolo de un Centro Histórico que también necesitó reconstruirse tras el temblor.

La exposición traza un arco entre pasado y presente, invitando a reflexionar sobre cómo aquel sismo detonó cambios profundos en las políticas de protección al patrimonio y en la forma en que la ciudad se piensa a sí misma. Es un recordatorio de que la memoria sísmica no es estática, sino una capa viva que permanece en la arquitectura, en las calles y en las historias personales.

Quienes visiten la muestra encontrarán un espacio para observar, pero también para escuchar esa vibración subterránea que aún recorre la ciudad. La exposición estará abierta hasta el 26 de julio de 2026 y se convierte en una oportunidad para revisitar un episodio que, aunque doloroso, sigue moldeando la identidad de la Ciudad de México.