¿De dónde vienen las imágenes con las que imaginamos a las mujeres indígenas? ¿Qué historias repiten y cuáles silencian? Estas preguntas atraviesan Disputar la mirada. Imaginarios visuales de las mujeres indígenas, la exposición que el Museo Nacional de Arte reúne a partir de 148 obras creadas a lo largo de cinco siglos.
Desde piezas del siglo XVI, cuando comenzó a documentarse la vestimenta tradicional, hasta producciones contemporáneas, la muestra propone una lectura crítica de pinturas, grabados, esculturas, textiles, fotografías y material audiovisual que han construido, una y otra vez, ciertas formas de ver y representar a las mujeres indígenas en México.
Lejos de una revisión celebratoria, el recorrido plantea tensiones. En muchas imágenes, la mujer indígena aparece como símbolo de la nación, asociada a la tierra, la fertilidad y la maternidad. En otras, emerge reducida a estereotipos que la exotizan, la idealizan o la invisibilizan. La exposición invita a observar esas contradicciones y a reconocer que toda imagen también es una postura política.
Imágenes que fundan y disputan el origen
Curada por Andrea García y Ariadna Solís, la muestra se organiza en cuatro núcleos temáticos. El primero, Reimaginar el origen, coloca al visitante frente a una tríada significativa: La tierra (1945), de María Izquierdo; el textil Huipil para Malintzin (2023), de las tejedoras oaxaqueñas Alicia Molina y Silvia Vera; y Guendarutoo (2022), una obra que alude a territorios indígenas ocupados y a la violencia que enfrentan las mujeres.
Aquí se hace evidente cómo la figura femenina indígena ha sido utilizada para narrar el nacimiento de lo “mexicano”. Obras como Malinche (1852), de Manuel Vilar; Familia indígena (1725), de José de Ibarra; o los grabados de Claudio Linati difundidos en Europa durante el siglo XIX, muestran cómo estos imaginarios se consolidaron y circularon más allá del país.
Vestir, marcar y clasificar el cuerpo
El segundo núcleo, Revestir la herencia, se enfoca en los elementos visuales que han funcionado como marcadores raciales: el cabello trenzado, ciertos textiles, colores y rasgos físicos. Estas características se repiten en obras de distintas épocas, como Mujer de la sierra de Orizaba, de José Justo Montiel; Mujeres peinándose (1930), de Lola Cueto; o La ceiba (1956), de Raúl Anguiano.
Sin embargo, entre estas repeticiones también aparecen fisuras. Proyectos contemporáneos como Nguiu (2024), centrado en identidades sexo-genéricas zapotecas del Istmo de Tehuantepec, abren nuevas formas de pensar la diversidad y cuestionan las imágenes heredadas.
Crear desde la propia experiencia
Engendrar la tierra, el tercer núcleo, desplaza la mirada hacia las representaciones creadas por mujeres indígenas desde su propio quehacer artístico. Textiles, bordados y piezas que dialogan con la memoria y el territorio se colocan en relación con obras históricas, generando un contrapunto entre la observación externa y la autorrepresentación.
Trabajos como Sin título (2013–2014), de la poeta juchiteca Natalia Toledo, y Manos del mar (2025), de Ofelia Gijón, dialogan con grabados de Jean Charlot y fotografías de Mariana Yampolski, evidenciando cómo las técnicas tradicionales también pueden ser herramientas de resistencia visual.
Medios, estereotipos y nación
El recorrido cierra con Reconquistar la imagen, un núcleo dedicado a la circulación masiva de estas representaciones en revistas, publicidad y cine. Fotografías de Luis Márquez Romay, carteles de José Chávez Morado y retratos de figuras como Rosa Rolanda y Dolores del Río muestran cómo la indumentaria indígena fue utilizada para construir ideales nacionalistas que poco tenían que ver con la vida cotidiana de las mujeres retratadas.
Al reunir estas imágenes, la exposición no ofrece respuestas cerradas. Más bien, propone un ejercicio de observación crítica que confronta al público con sus propios imaginarios y con un “pendiente histórico” que sigue abierto.
Disputar la mirada. Imaginarios visuales de las mujeres indígenas puede visitarse hasta el 25 de julio de 2026 en el Museo Nacional de Arte, ubicado en Tacuba 8, Centro Histórico de la Ciudad de México. Abre de martes a domingo, de 10 a 18 horas.

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