En el norte de la Ciudad de México, lejos de los reflectores turísticos y a la sombra del Cerro de Zacatenco, se encuentra uno de los pueblos originarios con mayor profundidad histórica de la alcaldía Gustavo A. Madero. San Pedro Zacatenco conserva en su iglesia principal un relato que mezcla pasado prehispánico, devoción colonial y memoria comunitaria viva.

Iglesia de San Pedro Apóstol, memoria ancestral de Zacatenco

La iglesia de San Pedro Apóstol se localiza en el corazón del antiguo pueblo de Zacatenco, un asentamiento cuya historia se remonta aproximadamente al 1500 a. e. c. El nombre Zacatenco proviene del náhuatl zacatl, que alude a la hierba utilizada para el pastoreo, y puede traducirse como “al borde de la hierba”. Desde tiempos tempranos, la zona estuvo vinculada a la explotación de la sal y el tequesquite, recursos fundamentales para los pueblos originarios del Valle de México.

Antes del dominio mexica y mucho antes de la llegada de los españoles, Zacatenco ya era un punto relevante del paisaje ritual y productivo. Con la expansión de Tenochtitlan, el culto a Tonantzin se extendió por la región del Tepeyac, influyendo también en las comunidades cercanas, incluida esta antigua población.

Un templo sobre cimientos milenarios

La tradición local señala que la iglesia de San Pedro Apóstol se levanta sobre cimientos muy antiguos, con piedras cuya colocación podría datar del 1000 a. e. c. Incluso se habla de un culto prehispánico especializado en el embalsamamiento de los muertos, lo que refuerza la idea de que el sitio tuvo una función ritual desde épocas remotas.

Durante la época colonial, Zacatenco fue atravesado por el Acueducto de Guadalupe, cuyos arcos aún pueden observarse. Aunque el pueblo perdió relevancia urbana con el paso de los siglos, el templo se mantuvo como eje espiritual y social de la comunidad.

La Capilla del Rosario y su valor artístico

Uno de los mayores tesoros del conjunto es la Capilla de Nuestra Señora del Rosario, fechada en el siglo XIX y reconocida por su riqueza artística. En su interior se conservan tres pinturas de época colonial, entre ellas un Cristo Crucificado y dos representaciones de la Virgen de Loreto.

Especialmente significativa es la pintura ubicada en el muro oriental, que retrata una procesión de habitantes de la Ciudad de México hacia la Virgen de Loreto, realizada en 1727 como súplica ante una epidemia de sarampión. Esta obra es un testimonio visual de la religiosidad popular y de los momentos de crisis sanitaria en la Nueva España.

La capilla también albergó una escultura de la Virgen del Rosario elaborada en pasta de maíz, una técnica profundamente ligada a la tradición indígena, que fue venerada durante gran parte de la historia del pueblo.

Restauración y hallazgos recientes

Tras los daños provocados por el sismo de 2017, la Capilla del Rosario fue objeto de una amplia restauración encabezada por el INAH. Durante estos trabajos, lxs especialistas señalaron que la pintura de la procesión probablemente provino de la antigua Iglesia de Loreto, en el Centro Histórico, que se encontraba en construcción a inicios del siglo XIX.

Estos procesos de conservación han permitido revalorar la importancia histórica y artística de la iglesia de San Pedro Apóstol dentro del patrimonio religioso del norte de la ciudad.

Cementerio, paisaje y vida comunitaria

Un rasgo poco común es que el cementerio del recinto de la iglesia aún se conserva, reforzando el carácter histórico del lugar. Desde prácticamente cualquier punto del pueblo puede verse el Cerro de Zacatenco, un referente natural y simbólico que acompaña la vida cotidiana de sus habitantes.

A pesar de la expansión urbana y de la cercanía con el campus del Instituto Politécnico Nacional, San Pedro Zacatenco mantiene su identidad como pueblo originario. La iglesia se encuentra a solo 20 minutos a pie de la estación Indios Verdes del Metro, lo que la convierte en un destino accesible para quienes buscan conocer rincones poco explorados de la Ciudad de México.

La iglesia de San Pedro Apóstol es, así, un espacio donde convergen historia prehispánica, devoción colonial y memoria viva, resguardando siglos de tradición en uno de los barrios más antiguos del norte capitalino.