En Axochiapan, Morelos, la cera no solo alumbra. También guarda memoria, identidad y un conocimiento que se transmite de mano en mano. La cerería tradicional de cera de abeja escamada es uno de esos oficios que resisten al tiempo, y hoy encuentra un nuevo impulso gracias al proyecto comunitario encabezado por Jesús Darío Alvillar.

Bajo el nombre Cera de abeja escamada, esta iniciativa busca preservar y compartir una técnica profundamente ligada a la vida ritual del municipio. Beneficiado por el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC) Morelos 2024, el proyecto abre el taller cerero a nuevas generaciones, no como un museo del pasado, sino como una práctica viva que sigue ardiendo en fiestas, procesiones y celebraciones comunitarias.

Un oficio heredado que acompaña la vida ritual

La elaboración de sirios, velas de gran formato que pueden alcanzar hasta cuatro kilos de peso, es parte esencial de las festividades locales, desde el Día de Muertos hasta la celebración de San Pablo Apóstol. En estos rituales, la cera escamada no cumple una función decorativa, sino simbólica: es ofrenda, presencia y acompañamiento espiritual.

Durante años, este conocimiento estuvo resguardado por los abuelos y las personas mayores de la comunidad. “Era un trabajo muy celoso”, recuerda Alvillar, quien aprendió el oficio colaborando en mayordomías y celebraciones locales durante más de quince años. Con el paso del tiempo, la preocupación creció ante la disminución de personas capaces de realizar la técnica completa.

Talleres comunitarios para transmitir el conocimiento

El proyecto surgió como respuesta a esa urgencia. A través de talleres comunitarios, cerca de cuarenta personas de distintas edades participaron entre enero y abril de 2025 en un proceso de aprendizaje que abarcó desde la recolección de la cera de abeja hasta la elaboración y decoración de su propio sirio.

La técnica es compleja y exige paciencia. La cera se limpia, hierve y cuela varias veces; si se busca un tono más claro, se blanquea al sol durante días, sin químicos que alteren sus propiedades. Las flores escamadas se forman pétalo por pétalo con moldes de madera tallados a mano, mientras que los sirios requieren semanas de trabajo, cuidando el grosor y la forma capa tras capa.

Trabajo familiar frente a la producción industrial

En el taller, el proceso es colectivo. Mientras unos moldean flores, otros calientan la cera o preparan los pabilos. Niñas y niños se integran observando y practicando, aprendiendo que el oficio no se transmite solo con palabras, sino con la experiencia compartida.

Uno de los mayores desafíos, señala el artesano, es competir con productos industriales y decoraciones sintéticas. Sin embargo, la cera natural conserva algo irreemplazable: el aroma, la textura y el sentido ritual. “El olor del copal o del limón no se puede comparar”, afirma, subrayando que el valor del sirio no está en su duración, sino en lo que representa cuando arde.

Una tradición que se transforma sin desaparecer

Al cierre del proyecto, una exposición comunitaria mostró las piezas elaboradas y reforzó el entusiasmo colectivo. Para Alvillar, sembrar el gusto por la cerería fue uno de los mayores logros. La cera escamada, dice, no se pierde cuando se consume: permanece en el trabajo, el esfuerzo y la intención de quien la creó.

Con la mirada puesta en el futuro, el proyecto apuesta por la continuidad del oficio, permitiendo que surjan nuevas formas y diseños sin romper con la tradición. En Axochiapan, la cera de abeja escamada sigue siendo un saber que arde y perdura, recordando que los oficios tradicionales también son una forma de contar quiénes somos.