En el centro histórico de Tlalpan, frente a la plaza principal y a un costado del jardín central, se levanta una de las casonas más emblemáticas del sur de la Ciudad de México: la Casa Frissac. De fachada rojiza, ventanales amplios y una arquitectura que remite al gusto europeo del porfiriato, este inmueble no solo destaca por su belleza, sino por las múltiples historias que han cruzado sus muros a lo largo de más de un siglo.

Construida a finales del siglo XIX por don Jesús Pliego Frissac, hacendado y presidente del Ayuntamiento de Tlalpan alrededor de 1900, la casa fue concebida como una residencia señorial acorde con la época. Aunque no existen documentos oficiales que lo confirmen, se atribuye su diseño al arquitecto Antonio Rivas Mercado, responsable también del Palacio Municipal de Tlalpan y del Ángel de la Independencia, lo que explicaría la solidez y elegancia de su trazo.

De residencia porfiriana a testigo de la historia nacional

La familia Pliego habitó la casa durante algunos años, pero tras el estallido de la Revolución Mexicana la propiedad quedó deshabitada por décadas. No fue sino hasta la década de 1950 cuando el inmueble cobró nueva vida al ser adquirido por Adolfo López Mateos, expresidente de México, quien vivió ahí junto a su familia. Posteriormente, la casa quedó en manos de su hija, Ave López Mateos de Zolla.

A finales de los años setenta, la Casa Frissac funcionó como sede de la Escuela Lancaster, parte del Proyecto Bicultural Británico-Mexicano. En 1986 fue incorporada al Decreto de Zona de Monumentos, reconociendo su valor histórico y arquitectónico, y en el año 2000 recibió el nombre de Instituto Javier Barros Sierra, en honor al exrector de la UNAM, quien también habitó la casa durante el movimiento estudiantil de 1968. Hoy, un monumento en los patios recuerda su legado académico y social.

Chucho el Roto y las leyendas que habitan la casona

Como muchas construcciones antiguas de la Ciudad de México, la Casa Frissac está envuelta en mitos y relatos populares. El más famoso es el que la vincula con Jesús Arriaga, “Chucho el Roto”, el legendario bandido conocido como el “Robin Hood mexicano”. Según la tradición oral, Chucho mantenía un romance secreto con Matilde Frissac, sobrina del propietario, y se escabullía por las noches para verla.

La historia cuenta que de esa relación nació una hija y que, al ser rechazado por la familia, Chucho intentó llevársela, fue encarcelado y más tarde escapó para vengarse robando a las clases altas. Sin embargo, lxs historiadorxs coinciden en que Jesús Arriaga murió antes de que la casa fuera construida, lo que sitúa este relato en el terreno de la leyenda. Aun así, el mito persiste y forma parte del imaginario cultural de Tlalpan, al grado de que el nombre “Casa Frissac” quedó ligado para siempre a esta historia.

Escenario del cine mexicano y referente cultural

La relevancia de la Casa Frissac trascendió la vida cotidiana para convertirse también en un referente del cine mexicano. Su fachada fue utilizada por Luis Buñuel como locación para la película Los Olvidados (1950), obra fundamental del cine mundial que obtuvo la Palma de Oro en Cannes. Otras producciones como Las abandonadas (1945) y La sonrisa de la Virgen (1958) también encontraron en esta casona el escenario ideal.

La Casa Frissac hoy, un centro cultural vivo

Actualmente, la Casa Frissac funciona como un Centro Cultural y comunitario administrado por la Alcaldía de Tlalpan. Tras diversos trabajos de restauración y conservación, encabezados en años recientes por la arquitecta Norma Laguna, el inmueble se consolidó como un espacio público dedicado a la difusión del arte y la cultura en el sur de la ciudad.

Cuenta con galerías de exposición, un auditorio con capacidad para cien personas, aulas para talleres, patios y jardines que invitan a recorrer el lugar con calma. Aunque durante su rehabilitación se perdieron algunos elementos originales, como un teatro de estilo griego y un antiguo puente en el jardín, la casa conserva su carácter histórico gracias a su arco triunfal, su fachada de ladrillo y sus amplios interiores bañados por luz natural.

Visitar la Casa Frissac es recorrer un fragmento vivo de la historia de la Ciudad de México, un espacio donde conviven la arquitectura porfiriana, las leyendas urbanas, el cine y la creación artística contemporánea. Un punto imprescindible para quienes desean conocer el pasado y el presente cultural de Tlalpan.

Dirección: Plaza de la Constitución 1, esquina Moneda, Centro de Tlalpan
Entrada: Libre