En el corazón de Tlalpan, al sur de la Ciudad de México, se encuentra una de las obras más profundas y conmovedoras de la arquitectura moderna mexicana: la Capilla de las Capuchinas. Más que un edificio religioso, este espacio es una experiencia sensorial donde la luz, el color y el silencio dialogan con la espiritualidad. Aquí, Luis Barragán llevó su arquitectura a un terreno íntimo, casi contemplativo, donde lo divino parece manifestarse sin estridencias.

La Capilla forma parte del Convento de las Capuchinas Sacramentarias del Purísimo Corazón de María, una comunidad religiosa de clausura que aún habita el recinto. Su ubicación discreta contrasta con la enorme relevancia que tiene dentro de la historia de la arquitectura del siglo XX.

Luis Barragán y la fe como arquitectura

Hablar de la Capilla de las Capuchinas es hablar también del lado más personal de Luis Barragán. Nacido en Guadalajara en 1902 y fallecido en la Ciudad de México en 1988, el arquitecto nunca ocultó su profunda fe católica. Para él, la arquitectura no solo debía cumplir una función práctica o estética, sino también provocar emoción, recogimiento y reflexión.

El proyecto, iniciado en 1953, consistió en la ampliación y renovación de un convento preexistente. Barragán se ofreció a realizar el trabajo sin cobrar honorarios y, además, financió parte de la obra. Durante más de siete años afinó cada detalle del espacio, hasta que la capilla fue consagrada en 1960, aunque algunos elementos se concluyeron hacia 1963.

La luz como lenguaje sagrado

Uno de los grandes protagonistas de la Capilla de las Capuchinas es la luz natural. Barragán la utiliza como si fuera un material más, dejándola entrar de forma lateral, filtrada por celosías y vitrales en tonos amarillos y rosados. El resultado es una atmósfera cambiante, donde las sombras se alargan y los muros adquieren una presencia casi mística.

Los materiales refuerzan esta sensación: muros de textura tosca, pisos de madera, superficies lisas y colores intensos que parecen absorber el silencio. Todo está pensado para invitar a la contemplación. No hay ornamentos innecesarios; la espiritualidad surge de la sencillez y la proporción.

El altar y la colaboración con Mathias Goeritz

El altar es un punto focal poderoso y sobrio. Se trata de un prisma monolítico de concreto, adelantado hacia la nave en consonancia con las reformas litúrgicas del Concilio Vaticano II. Detrás, destaca un retablo de madera recubierto con hoja de oro que refleja la luz filtrada desde el coro.

El escultor y arquitecto Mathias Goeritz, cercano colaborador de Barragán, participó en elementos clave del interior, como los rectángulos dorados del altar y un vitral de gran formato. La cruz, pintada del mismo tono que los muros, parece desmaterializarse y solo se revela plenamente cuando la luz incide sobre ella.

Patios, agua y ecos del Mediterráneo

Antes de ingresar a la capilla, el visitante atraviesa un patio semi hundido pavimentado con piedra volcánica. Ahí, una pileta con flores blancas flotando refleja una celosía amarilla, creando un juego visual de gran serenidad. Al fondo, un muro blanco porta una cruz monumental empotrada, silenciosa y contundente.

Estos espacios abiertos, junto con el estanque de reflejos del convento adornado con gardenias, remiten inevitablemente a la arquitectura islámica que Barragán conoció durante sus viajes por el Mediterráneo, especialmente en España y Marruecos. Patios, muros cerrados y el uso del agua como elemento simbólico dialogan aquí con la tradición vernácula mexicana.

Un legado vivo en la arquitectura mexicana

La Capilla de las Capuchinas es considerada una de las obras maestras de Barragán y un ejemplo de arquitectura religiosa contemporánea entendida como una obra total. El arquitecto diseñó no solo el edificio, sino también el mobiliario, las puertas, los textiles litúrgicos y hasta los manteles del altar, siguiendo un ideal de austeridad franciscana.

Hoy, este recinto sigue siendo un espacio de clausura, por lo que las visitas se realizan únicamente con cita previa. Aun así, su influencia es enorme y su estudio resulta indispensable para entender cómo la arquitectura puede convertirse en una experiencia espiritual sin recurrir a lo monumental ni a lo decorativo.

La Capilla de las Capuchinas no busca imponerse al entorno, sino invitar al silencio. En una ciudad tan vibrante como la Ciudad de México, este espacio en Tlalpan permanece como un refugio donde la luz, la fe y la arquitectura se funden en una sola presencia.

Dirección: Calle Miguel Hidalgo 43, Colonia Tlalpan Centro, CDMX
Periodo de construcción: 1954–1963
Visitas: Solo con cita previa
Teléfono: 55 5573 2395