En la calle de Donceles número 24, a unos pasos del Museo Nacional de Arte, se levanta uno de los recintos más enigmáticos y cargados de historia del espectáculo en la Ciudad de México: el Teatro Fru Fru. Inaugurado originalmente en 1899 bajo el nombre de Teatro Renacimiento, este espacio ha atravesado más de un siglo de transformaciones, polémicas y reinvenciones que lo han convertido en un ícono cultural tan fascinante como contradictorio.

Un teatro pionero en la modernidad porfiriana

El Teatro Renacimiento abrió sus puertas el 1 de enero de 1899, en plena efervescencia del Porfiriato. Su mayor innovación fue convertirse en el primer teatro de la Ciudad de México con iluminación eléctrica, un avance tecnológico que lo colocó a la vanguardia de los recintos escénicos del país. A su inauguración asistió la élite política y social de la época, incluido el entonces presidente Porfirio Díaz.

En 1906, el empresario Francisco Cardona adquirió el inmueble y decidió rebautizarlo como Teatro Virginia Fábregas, en honor a su esposa, una de las actrices y productoras teatrales más importantes del México de principios del siglo XX. Durante estas décadas, el recinto vivió un periodo de esplendor con montajes de gran formato y una decoración interior marcada por terciopelos, esculturas doradas y una estética teatral exuberante.

Del abandono al renacimiento escandaloso

El brillo comenzó a apagarse en la década de 1930. El teatro cambió su nombre a Teatro Mexicano, cerró por largos periodos y estuvo incluso en riesgo de ser demolido. Tras la muerte de Virginia Fábregas en 1950, el inmueble atravesó años de incertidumbre hasta que, en 1973, su historia dio un giro definitivo.

Ese año, la actriz, cantante y empresaria Irma Serrano, “La Tigresa”, adquirió el teatro en una subasta y lo transformó por completo. Lo rebautizó como Teatro Fru Fru, un nombre que alude al sonido de las telas finas al rozarse, y lo reinauguró con el polémico montaje Naná, basado en la novela de Émile Zola. La obra, protagonizada y producida por Serrano, abordaba temas como la sexualidad, el deseo y la transgresión moral, y se mantuvo en cartelera durante dos años con gran éxito.

El teatro más provocador de los años setenta y ochenta

Bajo la gestión de Irma Serrano, el Fru Fru se convirtió en un espacio donde se desafiaban abiertamente las normas sociales y artísticas. Obras como Lucrecia Borgia o Yocasta Reina consolidaron su fama de recinto audaz. A inicios de los años ochenta, el productor Pablo Leder impulsó el concepto de Teatro de Medianoche, con montajes dirigidos exclusivamente a público adulto, lo que reforzó su reputación como uno de los foros más controvertidos de la ciudad.

Conciertos, cine y nuevas etapas

Aunque en los años noventa el teatro dejó de funcionar regularmente como espacio escénico y llegó a operar como centro nocturno, el Fru Fru nunca desapareció del todo. En las últimas décadas ha reabierto de forma intermitente como sede de conciertos y eventos culturales. Por su escenario han pasado artistas como Natalia Lafourcade, The Dresden Dolls, Mon Laferte y Víctimas del Doctor Cerebro.

Su estética decadente y cargada de simbolismo también lo ha convertido en locación para cine y videoclips. Aparece en películas como Cantinflas y Spectre de la saga James Bond, así como en el videoclip Omen del dúo británico Disclosure.

Mitos, demonios y presencias invisibles

El Teatro Fru Fru es también famoso por las leyendas que lo rodean. En el vestíbulo destaca una escultura que representa a un fauno o demonio sosteniendo una charola. La tradición dicta que los actores y actrices deben dejarle un dulce como ofrenda para asegurar el éxito de sus funciones. A esto se suman relatos sobre apariciones, figuras en los palcos y presencias que recorren el escenario cuando el teatro está vacío.

Más allá de lo paranormal, estas historias han alimentado el aura mítica de un recinto que parece concentrar la memoria emocional de más de cien años de aplausos, escándalos y silencios.

Un testigo incómodo pero indispensable

Tras la muerte de Irma Serrano en 2023, el Teatro Fru Fru atraviesa una nueva etapa. Con aperturas esporádicas y procesos constantes de restauración, el recinto busca mantenerse vivo como espacio cultural en el Centro Histórico. Más allá de los chismes y leyendas, el Fru Fru es un testigo fundamental de la historia del teatro, la vida nocturna y la transgresión artística en la Ciudad de México.