La Parroquia San Josemaría Escrivá se ha convertido en uno de los referentes arquitectónicos y espirituales más singulares del poniente de la Ciudad de México. Ubicada sobre la avenida Vasco de Quiroga, una de las arterias principales de Santa Fe, y junto a la Alameda Poniente, esta iglesia destaca no solo por su función religiosa, sino por su poderosa presencia urbana y su diseño contemporáneo.

Inaugurada y erigida como parroquia el 28 de julio de 2009, la Parroquia San Josemaría Escrivá fue confiada por la Arquidiócesis de México a sacerdotes de la Prelatura del Opus Dei. Desde entonces, atiende a una comunidad de más de 33 mil habitantes, en una de las zonas de mayor crecimiento de la capital, donde conviven complejos corporativos, vivienda vertical y nuevos espacios públicos.

Una iglesia moderna en el paisaje de Santa Fe

El templo se levanta sobre un talud de granito, solución arquitectónica clave para edificar sobre un terreno que anteriormente funcionó como relleno sanitario. Este gesto técnico se transforma también en símbolo, al convertir un espacio degradado en un hito urbano cargado de sentido social, cultural y espiritual.

Diseñada por Javier Sordo Madaleno, Jorge Isaías Guerrero y Jaime Krasowsky, con un cuidadoso trabajo estructural, la parroquia es considerada una de las iglesias modernistas más comentadas de la Ciudad de México. Su fachada geométrica, recubierta de zinc, dialoga con la calidez del interior forrado en madera de maple, creando un contraste que invita a cruzar el umbral.

Geometría, luz y simbolismo cristiano

El diseño del templo se compone de dos muros altos y curvos que nunca se tocan, generando una sensación de movimiento continuo y de apertura hacia lo infinito. Esta disposición traza en planta la forma de un pez, símbolo cristiano primitivo, mientras que en lo alto una franja de luz natural dibuja una cruz luminosa que recorre la nave y se intensifica sobre el altar.

La luz es uno de los elementos centrales de la experiencia. Penetra desde lo más alto del edificio y transforma el espacio a lo largo del día, creando una atmósfera que invita al silencio, la contemplación y la oración. El altar, el sagrario y el presbiterio concentran esta iluminación como núcleo simbólico del templo.

Arte sacro contemporáneo en la CDMX

En el centro de la iglesia se encuentra una imponente escultura de Cristo crucificado y vivo, obra del artista español Javier Martínez. A diferencia de las representaciones tradicionales, este Cristo muestra a Jesús aún con vida, con una expresión serena que establece un diálogo directo con quienes lo observan desde la nave. La pieza, de más de tres metros de altura, fue concebida para cruzar la mirada con el visitante y acompañarlo en la experiencia espiritual.

El conjunto artístico se completa con una escultura de Cristo resucitado, también de Javier Martínez, ubicada en la capilla dedicada a la Resurrección, así como obras de la pintora mexicana Martha Orozco, entre ellas una imagen de la Virgen con el Niño y un lienzo que retrata a San José trabajando junto a Jesús adolescente, una escena que sintetiza la idea de la santificación del trabajo cotidiano, eje del pensamiento de San Josemaría Escrivá.

Un complejo religioso y comunitario

Más allá del templo principal, la parroquia integra confesionarios, sacristía, atrios, un espejo de agua, criptas funerarias y un Centro de Formación para laicos, además de una capilla del Santísimo Sacramento diseñada para el recogimiento y la oración silenciosa. Todo el conjunto sigue un trazo concéntrico que refuerza la unidad espacial y simbólica del proyecto.

Cada 27 de junio, la parroquia celebra su fiesta patronal, consolidándose como un punto de encuentro espiritual y cultural en Santa Fe. Hoy, la Parroquia San Josemaría Escrivá no solo cumple una función religiosa, sino que se ha convertido en un referente arquitectónico contemporáneo de la CDMX, un ejemplo de cómo la ciudad puede resignificar su territorio a través del diseño, el arte y la vida comunitaria.