A lo largo de los últimos años, varios crímenes ocurridos en la Ciudad de México han dejado huella en la memoria colectiva. Algunos por su violencia, otros por la frialdad con la que fueron planeados. Entre ellos se encuentra el caso de Emma Argüello Jurado, una mujer de edad avanzada que terminó vinculada a uno de los asesinatos más mediáticos de finales de la década de 2000.
Cuando las cámaras la rodearon el día de su detención, Emma Argüello tenía 80 años. Su reacción fue inmediata: intentó cubrirse el rostro mientras pedía a lxs reporterxs que dejaran de fotografiarla. “¡No me tomen fotos, yo no hice nada!”, repetía una y otra vez.
Sin embargo, para las autoridades capitalinas su nombre ya estaba ligado a una investigación que había estremecido a la opinión pública.
El caso giraba en torno al asesinato de Rubén Romero Reverte Escalante, un joven estudiante de 20 años que fue encontrado sin vida el 21 de agosto de 2009 en la Colonia Ciudad Jardín. Las investigaciones comenzaron a revelar un escenario inquietante: la víctima vivía con su pareja sentimental, Leslie Madelin Arellanes, con la madre de ella, Roxana Lizbeth Arredondo Argüello, y con la propia Emma Argüello Jurado, abuela de la joven.
Poco a poco los investigadores descubrieron un detalle que cambiaría el rumbo del caso.
El joven tenía cinco pólizas de seguro de vida contratadas recientemente. En conjunto, sumaban más de 32 millones de pesos, y las beneficiarias eran precisamente las tres mujeres con las que convivía.
Según la entonces Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, las indagatorias apuntaban a que el asesinato había sido planeado para poder cobrar ese dinero. Incluso, de acuerdo con las autoridades, se intentó iniciar el proceso para reclamar los seguros antes de que se realizaran los servicios funerarios.
Cuando Emma Argüello fue presentada ante la prensa, defendió su inocencia y aseguró que siempre había querido a Rubén como si fuera parte de su familia.
“Él pensaba que yo era como su mamá… siempre lo protegía”, dijo frente a lxs reporterxs. También afirmó que su familia había sido generosa durante años y que con su dinero habían ayudado a personas necesitadas.
Pero a pesar de sus declaraciones, las investigaciones continuaron avanzando.
Las autoridades concluyeron que Leslie Madelin Arellanes, su madre Roxana Lizbeth Arredondo Argüello y su abuela Emma Argüello Jurado habían participado en la planeación del crimen. El caso se volvió rápidamente mediático y los medios comenzaron a referirse a ellas con un apodo que se quedaría grabado en la memoria pública: “Las Viudas Negras”.
Con el paso del tiempo, el proceso judicial derivó en condenas de alrededor de 27 años de prisión para las responsables.
A más de una década de distancia, el caso sigue generando polémica. En años recientes, la familia de la víctima ha denunciado públicamente la posibilidad de que algunas de las implicadas puedan obtener beneficios de libertad anticipada, lo que ha reavivado la discusión sobre el proceso judicial y la reparación del daño.
La historia de Emma Argüello Jurado permanece como uno de esos episodios que revelan el lado más oscuro de la ambición humana: un crimen en el que, según las autoridades, el móvil principal fue el dinero.
Un caso que, incluso hoy, sigue despertando preguntas sobre lo ocurrido dentro de aquella casa donde convivían víctima y victimarias.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.