Entre los pasillos silenciosos de la Universidad Nacional Autónoma de México circula desde hace décadas una de las historias más extrañas del folklore universitario. No se trata de un fantasma tradicional ni de un espectro cualquiera. Lxs estudiantes la conocen como la Mujer Perro de Ciudad Universitaria, una figura que, según numerosos relatos, ha sido vista merodeando facultades y pasillos desde finales de los años sesenta.

Quienes han caminado solxs por los senderos de Ciudad Universitaria cuando cae la noche aseguran haber sentido algo difícil de explicar. Un ruido detrás de ellxs, la sensación de ser observadxs o un escalofrío repentino que obliga a mirar hacia atrás. Para algunxs, ese momento podría significar haber estado cerca de una de las leyendas más inquietantes del campus.

Una historia que nace en el turbulento 1968

La versión más antigua de la leyenda se remonta a 1968, uno de los años más trágicos para el movimiento estudiantil en México. Durante aquellos días de tensión y represión, se cuenta que una joven estudiante se escondió en el baño de una facultad para evitar encontrarse con los soldados que patrullaban la universidad.

Mientras permanecía oculta escuchó algo que la dejó paralizada: jadeos de perro y pasos pesados que se acercaban. Pensó que habían descubierto su escondite. Sin embargo, cuando la puerta del cubículo se entreabrió, lo que vio no parecía ni humano ni animal.

Frente a ella apareció una figura femenina que se movía en cuatro patas. Era delgada, con cabello largo y descuidado, y llevaba un vestido antiguo que dejó caer lentamente frente a la puerta. Aquella presencia no la atacó ni se acercó. Simplemente estaba allí.

Desde entonces, esa figura comenzó a ser conocida entre los estudiantes como la Mujer Perro.

Apariciones en distintas facultades de la UNAM

Con el paso de los años, el relato se transformó en una de las leyendas urbanas más persistentes del campus. Estudiantes aseguran haberla visto en distintos rincones de Ciudad Universitaria.

Entre los lugares donde más se reportan encuentros aparecen facultades como la Facultad de Filosofía y Letras, áreas cercanas a la Facultad de Ciencias, edificios de la Facultad de Medicina e incluso el anfiteatro.

Las descripciones suelen coincidir:

  • Figura femenina delgada y de piel morena
  • Cabello largo y descuidado
  • Vestido viejo o desgastado, a veces morado
  • Movimiento en cuatro patas, como si fuera un animal
  • Voz apenas audible o susurros incomprensibles

Quienes dicen haberla visto también mencionan una sensación extraña que acompaña su aparición. No solo miedo. Algunxs hablan de una mezcla de angustia, compasión y una energía difícil de explicar.

¿Un nahual, un espíritu o una protectora?

Las interpretaciones sobre su origen son variadas. Algunxs creen que podría tratarse de un nahual, una figura del imaginario mesoamericano asociada con la transformación entre humano y animal. Otrxs piensan que es un espíritu atrapado en el tiempo, consecuencia de los eventos violentos ocurridos en 1968.

También existe una versión más inquietante pero menos oscura: que la Mujer Perro no es un ente maligno, sino una presencia que aparece para proteger a quienes están en peligro.

Según el relato original, la figura no dañó a la estudiante que se ocultaba durante la ocupación militar. Por el contrario, su presencia coincidió con el momento en que la joven pudo permanecer escondida hasta que el peligro pasó.

Una leyenda que sigue caminando por CU

A lo largo de generaciones, la historia ha sobrevivido gracias a testimonios contados en voz baja entre estudiantes. En años recientes, el mito volvió a tomar fuerza tras difundirse en diferentes podcasts, donde un testimonio revivió el misterio y volvió a despertar el interés por esta figura.

Aunque no existe evidencia que confirme su existencia, los relatos coinciden en demasiados detalles como para desaparecer del imaginario universitario.

Así, mientras miles de estudiantes recorren cada día las facultades de Ciudad Universitaria, la leyenda sigue creciendo. Y cuando el campus se queda en silencio y los pasillos se vacían, algunos aseguran que todavía puede verse una silueta femenina desplazándose entre las sombras.

Una figura que no camina como las demás.

Una presencia que, desde 1968, sigue recorriendo la UNAM en cuatro patas.