En una de las zonas más exclusivas de la Ciudad de México, donde el concreto suele dictar las reglas, aparece una anomalía fascinante: el Jardín Anatole. No es un edificio cualquiera, sino una pieza de arquitectura contemporánea que convierte un antiguo patio en un manifiesto urbano sobre sostenibilidad, diseño y espacio público.

De patio olvidado a ícono arquitectónico

Antes de convertirse en un referente, el terreno era el patio de una casa con valor histórico en Polanco. Un vacío en una zona donde el suelo vale oro. En lugar de saturarlo, el proyecto apostó por lo contrario: aprovechar ese espacio residual para crear un edificio de usos mixtos que dialoga con la ciudad.

Así nació Jardín Anatole, un proyecto del estudio Dellekamp Arquitectos, encabezado por Derek Dellekamp y Jachen Duri Schleich, quienes decidieron convertir una limitación en oportunidad.

Una caja de madera suspendida en el aire

Lo primero que sorprende es su estructura: una “caja” de madera que parece flotar. El edificio se sostiene gracias a una única columna de acero en forma de “V”, liberando completamente la planta baja. Este gesto no es solo estético, sino urbano: permite que el espacio fluya hacia un jardín abierto al público.

Con cinco niveles, el inmueble combina comercio en planta baja y oficinas en los pisos superiores. La modulación de la madera estructural elimina la necesidad de columnas intermedias, creando espacios flexibles y limpios.

El primer edificio de madera en México

Jardín Anatole es considerado el primer edificio en el país que utiliza una estructura de madera en altura. En un contexto internacional donde ciudades de Europa, Estados Unidos o Japón ya experimentan con rascacielos de madera, este proyecto coloca a México en esa conversación.

El material protagonista es la madera laminada de encino, elegida por su resistencia, ligereza y propiedades retardantes al fuego. Además, su comportamiento ante sismos la convierte en una opción viable en una ciudad sísmica como la capital mexicana.

Un jardín público en territorio privado

En Polanco, donde cada metro cuadrado suele ser construido, Jardín Anatole hace algo casi radical: cede espacio a la ciudad. La planta baja no es un vestíbulo cerrado, sino una plaza abierta con vegetación endémica.

Este jardín funciona como un pequeño oasis urbano. Un respiro verde que difumina los límites entre lo público y lo privado, invitando a lxs peatones a habitar el espacio sin necesidad de consumir.

Arquitectura de bajo impacto y alta intención

El edificio responde a una lógica clara: menos materiales, mayor eficiencia. Su diseño apuesta por la simplicidad estructural, la orientación adecuada y el uso de sistemas constructivos de bajo impacto ambiental.

Más que un objeto llamativo, Jardín Anatole es una declaración: la arquitectura contemporánea en la Ciudad de México puede ser sostenible, flexible y abierta.

Curiosidades que lo hacen único

  • Es uno de los pocos edificios en Polanco con un espacio público integrado a nivel de calle.
  • Su estructura depende en gran medida de un solo apoyo en “V”, algo poco común en edificios de este tipo.
  • La madera utilizada no solo es estética, también responde a criterios técnicos de resistencia sísmica.
  • Fue reconocido con la medalla de oro en la Sexta Bienal de Arquitectura de la Ciudad de México.

Un oasis en medio del asfalto

Jardín Anatole no busca imponerse, sino respirar dentro de la ciudad. Entre vidrio, acero y tráfico, este edificio propone una pausa: sombra, madera, plantas y espacio abierto.

En una ciudad que rara vez se detiene, este rincón demuestra que la arquitectura también puede ser una forma de abrir espacio para lo inesperado.