En el mapa del arte contemporáneo en México, pocas exposiciones recientes dialogan con tanta intensidad sobre identidad, territorio y género como Líneas de fuga, la primera retrospectiva en el país de la artista María Ezcurra. Presentada en el Museo de Arte Carrillo Gil, la muestra propone un recorrido por más de dos décadas de trabajo donde el cuerpo se convierte en territorio, archivo y campo de batalla simbólico.

Lejos del tono solemne de las retrospectivas tradicionales, esta exposición funciona como una especie de cartografía emocional. Aquí, las piezas no siguen una línea recta, sino que se abren como rutas alternativas, desvíos que cuestionan normas sociales, mandatos de género y fronteras geográficas.

Un recorrido entre textiles, memoria y desplazamientos

La exposición se organiza en tres núcleos que dialogan entre sí sin jerarquías rígidas. El primero se enfoca en el cuerpo como materia viva. A través de textiles, prendas y objetos cotidianos, Ezcurra construye esculturas que evocan presencias ausentes. Materiales como las pantimedias dejan de ser objetos domésticos para transformarse en piel simbólica, en rastros de historias que hablan de género, violencia y memoria.

En el segundo núcleo, la artista explora la experiencia migratoria desde una perspectiva íntima y colectiva. Su propia trayectoria entre América Latina y Canadá se convierte en punto de partida para reflexionar sobre desplazamientos físicos y emocionales. Obras como Cartografías del desplazamiento trazan paralelismos entre las migraciones humanas y las de aves, como si el vuelo también fuera una forma de narrar el desarraigo.

El tercer eje se adentra en las construcciones sociales de lo femenino. Con una mezcla de ironía y crítica, las piezas cuestionan los roles tradicionales asignados a las mujeres, desde el ámbito doméstico hasta las expectativas sociales más arraigadas. Aquí, el arte se vuelve espejo incómodo: refleja, distorsiona y devuelve preguntas.

Arte contemporáneo como territorio de resistencia

La propuesta curatorial, encabezada por Nuria Carton de Grammont y Fernanda Ramos Mena, apuesta por una lectura abierta donde las obras no dictan respuestas, sino que invitan a habitarlas. La noción de “fuga” no se entiende como escape, sino como estrategia: romper estructuras, desbordar límites, inventar nuevas formas de existir.

Instalaciones, esculturas, dibujos y registros de performance conviven en una exposición que también funciona como archivo vivo. Muchos de los materiales utilizados —reciclados o encontrados— conservan huellas de otras vidas, construyendo una especie de arqueología de lo cotidiano.

Una exposición que dialoga con el presente

Líneas de fuga no solo revisa la trayectoria de María Ezcurra, también abre preguntas urgentes sobre el mundo actual. ¿Cómo se construye la identidad en contextos de migración? ¿Qué significa habitar un cuerpo atravesado por normas sociales? ¿De qué manera el arte puede resistir y reconfigurar esas estructuras?

La muestra estará abierta hasta agosto de 2026 en el Museo de Arte Carrillo Gil, acompañada de actividades que amplían la experiencia, incluyendo activaciones performáticas y revisiones de archivo.

Para quienes buscan exposiciones de arte contemporáneo en CDMX que no solo se miran, sino que se piensan y se sienten, esta es una parada obligatoria en el circuito cultural de la ciudad.