Alvar Carrillo Gil fue una de las figuras más influyentes en el desarrollo del arte moderno mexicano. Todo comenzó cuando el pediatra yucateco adquirió el dibujo La Chole a su amigo José Clemente Orozco, un gesto que detonó una profunda fascinación por el arte nacional. Con el tiempo, esa fascinación se convirtió en una colección robusta que reunió obras clave de artistas del siglo XX. Carrillo Gil no solo invirtió su fortuna en adquirir piezas, sino también en difundirlas, ya que su acervo viajó por museos y bienales internacionales, contribuyendo a posicionar el arte mexicano en el extranjero. Hacia la década de 1970, decidió crear un espacio propio para resguardar y compartir esta colección, dando origen al Museo de Arte Carrillo Gil.
Durante más de cinco décadas, este recinto ha trabajado no solo en preservar el legado de su fundador, sino también en activar la colección desde nuevas perspectivas. A diferencia de otros museos que presentan sus acervos de forma fija, el Carrillo Gil ha apostado por reinterpretarlos constantemente, proponiendo lecturas temáticas que dialogan con el presente. Así, su colección ha sido revisitada para hablar de la violencia, los sueños, el género o las transformaciones sociales, convirtiéndose en un archivo vivo que se reconfigura con cada exposición.
En este contexto surge Ni origen, ni torbellino (Bloque 2), una propuesta que replantea la manera de acercarse al acervo del museo. Más que un recorrido cronológico, la exposición propone una reflexión crítica sobre la figura del ser humano como supuesto constructor del mundo. En lugar de reforzar esta visión, la muestra la cuestiona: desplaza al humano del centro para situarlo dentro de un sistema más amplio, donde conviven fuerzas naturales, materiales y cósmicas. Se trata, en otras palabras, de abandonar una mirada antropocéntrica para explorar una perspectiva interdependiente, en la que todo está conectado.
Para desarrollar esta idea, la exposición plantea un recorrido abierto, sin un punto de inicio obligatorio. Por un lado, se puede comenzar con El arquitecto y El pintor en reposo, obras del periodo cubista de Diego Rivera que encarnan la figura del artista como creador. Por otro, el o la visitante puede optar por un collage de Alvar Carrillo Gil que funciona como un portal hacia una dimensión más abstracta y cósmica. A partir de ahí, la muestra se despliega en seis categorías —arquitectura, no arquitectura, arquitectura no humana, materiales autónomos, paisaje y lo cósmico— que permiten explorar distintas formas de concebir el mundo.
Más allá de su planteamiento conceptual, Ni origen, ni torbellino (Bloque 2) es también una oportunidad para apreciar la riqueza de la colección del museo. Se trata de un conjunto diverso que abarca pintura, escultura, gráfica, fotografía y videoinstalación, con obras de artistas fundamentales del siglo XX como David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Diego Rivera, en diálogo con figuras de distintas generaciones como Estrella Carmona, Beatriz Zamora, Yvonne Domenge o Sofía Echeverri. Esta convivencia entre tiempos y lenguajes refuerza la idea de que las preocupaciones sobre el mundo, la materia y el entorno no pertenecen a una sola época.
Lejos de ofrecer respuestas cerradas, la exposición funciona como un dispositivo que abre preguntas. A medida que el recorrido avanza, las obras invitan a reconsiderar conceptos que suelen darse por sentados: el progreso, la autoría, la relación entre naturaleza y cultura. En ese sentido, la muestra no busca imponer una lectura única, sino propiciar una experiencia en la que cada visitante pueda trazar sus propias conexiones y construir su propio mapa dentro de este universo fragmentado.
Al final, Ni origen, ni torbellino deja una sensación persistente: la de habitar un mundo que no gira únicamente en torno a lo humano. Entre materiales que parecen tener voluntad propia, paisajes que desbordan cualquier intento de control y visiones que se proyectan hacia lo cósmico, la exposición sugiere que aún hay mucho por comprender. Quizá, como insinúan varias de las piezas, el verdadero desafío no está en dominar el entorno, sino en aprender a coexistir con aquello que nos excede.
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Dirección: Av. Revolución #1608, San Ángel, Ciudad de México, CDMX
Costo por persona: $70 pesos
Vigencia: Hasta el 17 de mayo, 2026
Horario: Martes a domingo de 10:00 a 18:00 hrs. (Último acceso a las 17:30)
Página Web: museodeartecarrillogil.com
Instagram: instagram.com/museocarrillogil
Facebook: facebook.com/museocarrillogil
Twitter: x.com/Carrillo_Gil

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.











