Hay reencuentros que parecen inofensivos, casi rituales, hasta que algo se rompe en la superficie. En Satélite, la primera novela de Alonso Burgos, una fiesta entre amigos en la periferia de la Ciudad de México se convierte en el punto de partida para explorar todo aquello que el tiempo no logró borrar.

Publicada por Alfaguara, la novela se construye a partir de una noche que funciona como detonador. Lo que comienza como una celebración deriva en un recorrido cargado de tensión, donde los recuerdos emergen con la misma fuerza que la violencia latente. En ese tránsito, los personajes se enfrentan no solo entre ellos, sino con las versiones de sí mismos que creían haber dejado atrás.

Burgos articula su relato a través de dos tiempos que se entrelazan: el presente inmediato de esa noche y una serie de memorias que se despliegan hacia otros momentos y geografías. Berlín, la adolescencia, el sismo de 2013 en la Ciudad de México aparecen como fragmentos que no buscan reconstruir el pasado con nostalgia, sino evidenciar cómo este irrumpe constantemente en el presente.

Más que una historia lineal, Satélite funciona como un mapa emocional donde lo íntimo y lo colectivo se cruzan. La migración, la pérdida y las decisiones irreversibles atraviesan a los personajes, al tiempo que revelan una experiencia generacional marcada por el desplazamiento y la incertidumbre. Aquí, la violencia no es un hecho aislado, sino un entorno que se filtra en las relaciones, en el deseo y en la forma de habitar el mundo.

Uno de los aciertos de la novela está en su lenguaje. Burgos apuesta por una escritura sensorial y reflexiva que evita las respuestas fáciles. En su lugar, construye un retrato crudo de la masculinidad, la amistad y el amor, atravesados por el paso del tiempo y por silencios que pesan tanto como las palabras.

Los espacios que recorren los personajes no son simples escenarios. Satélite, como origen y periferia; la Ciudad de México posterior al sismo, como territorio de duelo y transformación; y Berlín, como lugar de exploración y pérdida, funcionan como extensiones emocionales. Cada uno contiene una parte de la identidad de los protagonistas, como si el territorio también recordara.

En ese sentido, la novela dialoga con una pregunta persistente: ¿es posible volver a casa? La respuesta que sugiere Satélite no es sencilla. El pasado, parece decir Burgos, no es algo que se supere o se archive, sino una fuerza que se transforma, se desplaza y, en cualquier momento, puede volver a irrumpir.

Sobre el autor, Alonso Burgos nació en Ciudad Satélite en 1995 y ha desarrollado su trayectoria entre la literatura y la academia. Estudió Literatura Comparada y Ciencias Políticas en Berlín y actualmente realiza estudios doctorales en la Universidad de Princeton. Satélite marca su debut en la novela, después de haber publicado la colección de relatos Nada más que diablos.