En una ciudad donde la oferta gastronómica no deja de expandirse, hay experiencias que apuestan por algo más íntimo: cocinar, aprender y compartir desde la raíz. Este 16 de abril, el restaurante Ninna Pastificio abre sus puertas para un taller de pasta fresca pensado como un plan distinto para quienes buscan reconectar con la cocina… y con alguien más.

La cita es a las 19:00 horas en el corazón de Santa María la Ribera, un barrio que mezcla historia, arquitectura porfiriana y una renovada vida cultural. En ese contexto, la experiencia adquiere otro ritmo: menos prisa, más conversación, harina en las manos y vino en la mesa.

El taller propone un recorrido completo por el proceso artesanal de la pasta. Desde el amasado hasta la cocción, los asistentes trabajan paso a paso con ingredientes y utensilios incluidos, guiados en un ambiente relajado que privilegia la práctica y el disfrute. No se trata solo de aprender una receta, sino de entender el gesto detrás de cada preparación.

Al final, la recompensa llega en forma de plato servido: la pasta que cada participante preparó, acompañada de dos copas de vino. Como extensión de la experiencia, cada persona se lleva a casa un kit con salsa para repetir el ritual en su propia cocina.

El espacio no es casual. Ninna Pastificio se ha posicionado como uno de los rincones más singulares de la zona gracias a su propuesta de cocina siciliana y su enfoque en la pasta hecha a mano. Ubicado en una casona de principios del siglo XX, el restaurante dialoga con la identidad del barrio y refuerza la idea de que la experiencia gastronómica también es espacial.

Santa María la Ribera, por su parte, vive un momento de redescubrimiento. Entre el Kiosco Morisco, la Alameda y su creciente oferta culinaria, la colonia se ha convertido en un punto de encuentro para quienes buscan alternativas fuera de los circuitos más saturados de la ciudad.

El costo del taller es de 1,350 pesos por persona e incluye todos los materiales, asesoría personalizada, degustación y el kit para llevar. Más que una clase, la propuesta funciona como una pequeña escapada dentro de la ciudad, donde el tiempo se mide en texturas, aromas y conversaciones compartidas.

Para quienes buscan un plan diferente en la CDMX, esta experiencia reúne tres ingredientes difíciles de separar: comida, aprendizaje y compañía.