En la frontera norte, donde las historias suelen cruzar líneas invisibles entre lo íntimo y lo político, acaba de tomar forma una película que apunta directo a uno de los escenarios más exigentes del cine mundial. “Tijuana, todavía”, protagonizada y producida por Humberto Busto, ha concluido su rodaje y se prepara para su estreno en la 83ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia.

Dirigida por Gabriel Gutiérrez Morales, la cinta fue seleccionada dentro del programa Biennale College Cinema, que cada año impulsa un puñado de proyectos internacionales con financiamiento y acompañamiento creativo. En este caso, el respaldo no solo permitió concretar la producción, sino también posicionar al filme como uno de los pocos títulos mexicanos confirmados para su estreno mundial en Venecia este 2026.

La historia se construye a partir del encuentro entre dos personajes atravesados por el desplazamiento. Maksim, interpretado por Petr Filimonov, es un joven que huye de Rusia para escapar del reclutamiento militar y la persecución por su identidad queer. Del otro lado está Chava, encarnado por Busto, un hombre gay que intenta sobrevivir en un entorno marcado por el machismo en la frontera mexicana. Entre ambos se teje una relación que no solo habla de afecto, sino de resistencia en un mundo que parece estrecharse.

El proyecto adquiere una dimensión aún más potente al incorporar elementos de la vida real. Filimonov, al igual que su personaje, tuvo que abandonar su país, lo que añade una capa de urgencia y autenticidad a la narrativa. La película también dialoga con el contexto internacional al señalar la persecución sistemática contra la comunidad LGBTIQ+ en Rusia, convirtiéndose en una denuncia que trasciende la ficción.

Rodada en Playas de Tijuana durante tres semanas, la producción contó con la colaboración de Casa de Luz, un refugio autogestivo para personas migrantes LGBTIQ+. Este vínculo permitió integrar a refugiados reales dentro del elenco, generando un cruce entre cine de autor y testimonio directo que refuerza el pulso social de la película.

Para Busto, el proyecto representa algo más que un nuevo crédito en su carrera. A través de su productora, Fosfo Producciones, asumió un doble rol frente y detrás de cámara, en un proceso que describe como una búsqueda por recuperar la narrativa desde una mirada propia. Esa intención se percibe en una película que no solo retrata una ciudad, sino un estado emocional donde el exilio, la identidad y la supervivencia conviven en tensión constante.

El equipo creativo reúne nombres con trayectoria en el circuito independiente, como la coproductora Melissa Castañeda, el cinefotógrafo Iván Hernández AMC y el músico Raúl Rivera-Melo, entre otros. A ellos se suma talento local que ancla la historia en el territorio, evitando que la frontera se convierta en un simple telón de fondo.

Actualmente en etapa de postproducción, “Tijuana, todavía” perfila su llegada a Venecia como una de las apuestas mexicanas más relevantes del año dentro del cine de autor y el cine queer. Una película que, más que contar una historia, parece respirar el mismo aire denso de quienes viven entre fronteras físicas y simbólicas.