Basta un comentario aparentemente inocente para que toda una vida comience a fracturarse. En Uno ninguno y cien mil, el escritor italiano Luigi Pirandello convirtió esa grieta mínima en una de las exploraciones más incómodas sobre la identidad humana. Ahora, esa misma pregunta aterriza en el escenario con Moscarda, montaje que llegará al Foro Shakespeare del 10 al 31 de mayo de 2026.

La obra sigue a Ángelo Moscarda, un hombre cuya percepción de sí mismo se derrumba después de que su esposa le señala un detalle sobre su nariz mientras se mira al espejo. Lo que parece un instante trivial se convierte en una revelación devastadora: la persona que él cree ser no coincide con las múltiples versiones que existen en la mirada de los demás.

A partir de ahí, el personaje inicia una espiral emocional y filosófica donde la identidad deja de ser algo estable para transformarse en un rompecabezas imposible de ensamblar. Cada vínculo, cada recuerdo y cada interacción comienzan a revelar que Moscarda no es “uno”, sino una suma infinita de interpretaciones ajenas.

La adaptación y dirección están a cargo de Verónica Albarrán, quien toma la esencia de la novela de Pirandello para construir una puesta en escena íntima y perturbadora. Más que reproducir literalmente el texto original, la propuesta lo traslada hacia preocupaciones profundamente contemporáneas: la fragmentación de la identidad en tiempos de redes sociales, pantallas múltiples y exposición permanente.

Sobre el escenario, Eduardo Candás interpreta a Moscarda, mientras Alexia Ávila da vida a la señora Moscarda. Ambos personajes sostienen una especie de duelo psicológico donde el amor, la percepción y la crueldad cotidiana se mezclan hasta volverse indistinguibles.

Uno de los elementos más llamativos del montaje es su apuesta visual. El escenario aparece casi desnudo, habitado únicamente por muebles envejecidos y objetos que parecen rescatados de una memoria abandonada. La iluminación, inspirada en el cine noir y el expresionismo alemán, es activada por los propios actores mediante lámparas, velas y candiles que convierten la escena en un territorio de sombras móviles y atmósferas oníricas.

La obra también dialoga con las ideas del filósofo Gastón Bachelard sobre la casa como espacio de intimidad y construcción emocional. Aquí el hogar deja de ser refugio y se transforma en una especie de laberinto mental donde cada objeto parece contener una versión distinta del protagonista.

Más allá de la crisis individual del personaje, Moscarda plantea preguntas que resuenan especialmente en una época dominada por perfiles digitales y representación constante. ¿Cuántas identidades construimos para sobrevivir socialmente? ¿Cuántas versiones nuestras existen en las pantallas de otros? ¿Qué queda cuando todas esas imágenes comienzan a desmoronarse?

La propuesta está dirigida especialmente a espectadores interesados en el teatro psicológico, el cine negro y las historias que exploran las fisuras emocionales de la vida contemporánea. En lugar de ofrecer respuestas tranquilizadoras, la obra funciona como un espejo roto donde cada fragmento devuelve una cara distinta.

Las funciones se realizarán los domingos a las 13:00 horas en el Foro Principal del Foro Shakespeare, con boletos generales de 350 pesos.