Hay historias que no se ven, se habitan. Y pocas filmografías contemporáneas han logrado esa cualidad con tanta delicadeza como la de Mamoru Hosoda. A partir del 7 de mayo, Latinoamérica abre una ventana privilegiada a su universo con un ciclo cinematográfico que reúne algunas de sus obras más emblemáticas, pensadas para redescubrirse en la experiencia colectiva del cine.
El festival propone un recorrido por cuatro títulos clave que han marcado la evolución del anime en el siglo XXI, con narrativas donde lo fantástico no escapa de la realidad, sino que la ilumina. La selección incluye desde viajes en el tiempo hasta universos digitales y relatos íntimos sobre la familia, todos atravesados por una sensibilidad que combina emoción y asombro visual.
La programación arranca con La chica que saltaba a través del tiempo, cinta que celebra dos décadas desde su estreno y que sigue resonando por su retrato de la juventud y las decisiones que alteran el curso de la vida. A ella se suma Summer Wars, una historia que anticipó con lucidez los cruces entre lo digital y lo humano en una trama donde una crisis virtual se convierte en asunto familiar.
El ciclo también incluye Los niños lobo, uno de los trabajos más emotivos del director, que explora la maternidad y la identidad desde una mirada íntima y profundamente humana. Completa la selección Mirai Mi pequeña hermana, nominada al Oscar y construida como un viaje entre generaciones, donde la memoria familiar se convierte en territorio fantástico.
Más que una retrospectiva, este festival funciona como una puerta de entrada a un cine que ha sabido dialogar con públicos de distintas edades sin perder complejidad. El sello de estudios como Studio Chizu y Madhouse se percibe en cada encuadre, pero es la mirada autoral de Hosoda la que articula estos relatos donde el tiempo, la familia y la identidad se entrelazan con naturalidad.
La experiencia llegará a distintas cadenas de cine en la región, incluyendo complejos de Cinépolis en varios países de Latinoamérica, lo que permitirá que nuevas audiencias descubran estas historias en pantalla grande, tal como fueron concebidas.
En tiempos dominados por el consumo inmediato, este ciclo invita a algo más pausado y, quizá, más necesario: sentarse en la oscuridad de una sala y dejar que una historia respire. Porque en el cine de Hosoda, incluso lo extraordinario tiene raíces profundamente humanas.

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