Hablar de las infancias en México implica mirar un territorio atravesado por contrastes. Hay juegos, imaginación y afectos, pero también desigualdad, violencia, desplazamientos y silencios que rara vez encuentran espacio en la conversación pública. Precisamente desde ese cruce entre memoria y realidad social surge El país donde crecemos, obra presentada en la Casa Refugio de la Memoria como un ejercicio colectivo de escucha hacia niñas, niños y adolescentes.

Escrito por Jesús González Alcántara, el libro reúne relatos breves inspirados en experiencias reales de infancias y juventudes mexicanas que habitan contextos marcados por la exclusión, las ausencias y distintas formas de violencia. Lejos de buscar el impacto fácil o el dramatismo, la obra apuesta por construir un retrato sensible donde también aparecen la dignidad, la resistencia cotidiana y la posibilidad de imaginar otros futuros.

La presentación del libro se convirtió además en un espacio de reflexión sobre la manera en que las instituciones culturales y los espacios de memoria se relacionan con las infancias. Durante el encuentro, niñas, niños y adolescentes participaron leyendo fragmentos de los textos, transformándose no sólo en inspiración de las historias, sino también en voces activas dentro de la conversación pública.

Para José Luis Soto, la obra permitió replantear cómo se abordan los temas de derechos humanos dentro del recinto. Más que pensar a las infancias como simples receptoras de información, la presentación abrió la posibilidad de reconocerlas como participantes directas de las realidades sociales que atraviesan al país.

Los relatos incluidos en El país donde crecemos nacieron a partir de experiencias recopiladas por González Alcántara entre 2016 y 2017, mientras colaboraba en procesos de capacitación sobre derechos de niñas, niños y adolescentes en distintas regiones de México. A través de conversaciones con personas que trabajaban en territorio, el autor comenzó a construir un archivo de historias que años después se convertiría en libro.

La obra dialoga de manera natural con el espíritu de Casa Refugio de la Memoria, un espacio históricamente vinculado con temas de exilio, migración y defensa de los derechos humanos. En ese contexto, los relatos funcionan como pequeñas ventanas hacia las distintas realidades que viven muchas infancias mexicanas, evitando hablar desde la condescendencia y apostando, en cambio, por la escucha y la memoria compartida.

Durante la presentación también participó David Fernández Dávalos, quien destacó la capacidad de las niñas y los niños para resistir e imaginar incluso en escenarios complejos. La conversación giró alrededor de una idea central: las infancias no necesitan únicamente protección simbólica, sino espacios reales de participación, escucha y justicia.

Entre lecturas en voz alta y reflexiones colectivas, El país donde crecemos dejó claro que la memoria también puede construirse desde la mirada de quienes apenas comienzan a nombrar el mundo. Y quizá ahí radique la fuerza del libro: en recordarnos que las historias más pequeñas suelen contener las preguntas más profundas sobre el país que habitamos.