Sesenta y cinco años de historia no se celebran todos los días. El Coro de la Ciudad de México conmemoró este importante aniversario con La ciudad que canta, un concierto gratuito realizado en el patio central del Museo de la Ciudad de México, donde la música se convirtió en un puente entre distintas épocas, regiones y generaciones.

Bajo la dirección de David L. Arontes Reyes, quien encabeza la agrupación desde 2018, y con el acompañamiento del pianista Luis Hernández, el coro ofreció un recorrido por obras que reflejan la riqueza del repertorio coral y la diversidad musical que ha acompañado la historia de México.

El escenario no pudo ser más simbólico. El antiguo Palacio de los Condes de Santiago de Calimaya recibió a decenas de asistentes que celebraron la trayectoria de una de las agrupaciones corales más representativas de la capital, cuya labor ha contribuido durante más de seis décadas a preservar y difundir este género musical.

Como parte del homenaje, la secretaria de Cultura de la Ciudad de México, Ana Francis López Bayghen Patiño, entregó reconocimientos a las y los integrantes del coro por su trayectoria artística y por su aportación a la conservación de la música coral, un legado que ha pasado de generación en generación.

El programa fue concebido como un viaje sonoro que unió distintas tradiciones musicales. La primera parte estuvo dedicada a obras internacionales que han dejado huella en la historia del teatro musical y la ópera, con interpretaciones de piezas como Yo soy yo, Don Quijote, de El hombre de La Mancha; Amor de hombre y una selección de El Fantasma de la Ópera.

Antes de iniciar este segmento, David Arontes recordó que la música ha acompañado el desarrollo de las sociedades desde tiempos remotos y que, más allá de las fronteras o los idiomas, sigue siendo una forma universal de expresar emociones e historias compartidas.

Posteriormente, el concierto rindió homenaje a quienes llegaron a la Ciudad de México desde distintos estados del país para construir una nueva vida. En este bloque sonaron composiciones emblemáticas como Dime, de Gonzalo Curiel; Un madrigal, de Ventura Romero; Negra consentida, de Joaquín Pardavé; Peregrina, de Ricardo Palmerín; Mi viejo amor, de Alfonso Esparza Oteo, y Caminante del Mayab, de Guty Cárdenas, piezas que evocan la diversidad cultural de México.

La tercera parte estuvo dedicada a la música tradicional mexicana, recordando que muchas de estas composiciones nacieron mucho antes de ser escritas en partituras y sobrevivieron gracias a la transmisión oral entre familias y comunidades. Obras como El Cascabel, de Lorenzo Barcelata, y un Popurrí Mexicano despertaron el entusiasmo del público, que acompañó las interpretaciones con aplausos.

El cierre del concierto estuvo dedicado a la Ciudad de México, una urbe donde convergen historias, tradiciones y culturas provenientes de todo el país. Con la interpretación de Mi ciudad, de Alonso Ontiveros Carrillo, el coro celebró el carácter plural de la capital mexicana, mientras el público respondió con ovaciones y aplausos que llenaron el recinto.

Cuando parecía que la celebración había terminado, la agrupación regresó al escenario para ofrecer un último regalo: Danzones de Lara, una pieza que puso a bailar a varios asistentes y cerró la jornada en un ambiente festivo.

Más que un concierto conmemorativo, La ciudad que canta se convirtió en un recorrido por la memoria musical de México y en un reconocimiento al papel que el Coro de la Ciudad de México ha desempeñado durante 65 años como promotor del canto coral y de la riqueza cultural que define a la capital.