En el extremo sureste de la Ciudad de México, dentro del pueblo originario de San Luis Tlaxialtemalco y en el límite con Tulyehualco, se encuentra uno de los espacios más singulares para entender la relación entre la ciudad y su entorno natural. El Centro de Cultura Ambiental Acuexcomatl es mucho más que un parque o un centro educativo: es un punto de memoria hídrica, biodiversidad viva y aprendizaje ambiental en pleno corazón de la zona lacustre de Xochimilco.
El nombre Acuexcomatl proviene del náhuatl y significa “tinaja donde brota el agua”, una referencia directa al manantial El Encanto, que durante décadas fue uno de los principales proveedores de agua potable para la capital. Hasta la década de 1960, este sitio albergó infraestructura hidráulica clave como casas de bombas y plantas de tratamiento, parte de las cuales hoy se conservan y funcionan como museo vivo sobre el uso y la explotación del agua.
Un espacio verde con vocación educativa
Aunque su historia hidráulica es fundamental, la experiencia actual de Acuexcomatl se vive principalmente al aire libre. El centro ocupa alrededor de 7.5 hectáreas de áreas abiertas dentro del Área Natural Protegida Ejidos de Xochimilco y San Gregorio Atlapulco, un territorio reconocido como Patrimonio Mundial Cultural y Natural, Sitio Ramsar y SIPAM por su valor ecológico excepcional.
Desde su apertura en 1995, bajo la gestión de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México, Acuexcomatl se ha consolidado como uno de los principales espacios de educación ambiental no formal de la capital. Su misión es clara: sensibilizar a la población sobre la problemática ambiental de la cuenca y promover prácticas sustentables desde la vida cotidiana.
Jardines, humedales y arquitectura con memoria
El recorrido por Acuexcomatl incluye jardines, senderos, invernaderos y espacios demostrativos que cambian con las estaciones. El lugar también cuenta con un anfiteatro al aire libre y varias estructuras de valor histórico, de las cuales al menos cinco están catalogadas por el INAH. Entre ellas destaca la antigua casa de bombas, donde se exhibe maquinaria original utilizada para extraer agua del manantial, una parada obligada para reflexionar sobre los efectos de la explotación intensiva de los recursos naturales.
Biodiversidad y producción sustentable
Uno de los mayores atractivos del Centro de Cultura Ambiental Acuexcomatl es su enfoque en sistemas de producción ecológica. Aquí se desarrollan proyectos de apicultura, piscicultura y lombricomposta, así como viveros e invernaderos dedicados a la reforestación y a los huertos biointensivos.
Especial atención merece el trabajo en torno al ajolote mexicano, especie endémica de Xochimilco y actualmente en peligro de extinción. El área de piscicultura no solo busca fomentar el cuidado de las especies acuáticas, sino también crear conciencia sobre la fragilidad del ecosistema lacustre que aún sobrevive en la ciudad.
Un centro vivo para la comunidad
Además de su vocación ambiental, Acuexcomatl es un espacio comunitario activo. Ofrece talleres, visitas guiadas, actividades culturales, deportivas y programas educativos para escuelas, familias y público en general. Gracias a convenios con la UNAM, el centro también funciona como espacio de prácticas académicas, investigación y servicio social en áreas relacionadas con la zootecnia, la apicultura y la acuicultura.
La visita a Acuexcomatl suele complementarse con recorridos por Tulyehualco y los centros florales de Tlaxialtemalco, reforzando su papel como punto de encuentro entre naturaleza, cultura y tradición en Xochimilco.
Un respiro verde para la ciudad
En una de las metrópolis más grandes y pobladas del mundo, Acuexcomatl ofrece algo cada vez más valioso: tiempo y espacio para entender de dónde viene el agua, cómo se sostiene la biodiversidad y qué papel juega cada habitante en la conservación del entorno. Caminar por sus senderos, observar a los polinizadores o participar en sus actividades educativas es una forma concreta de reconectar con el paisaje lacustre que dio origen a la Ciudad de México.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.