En el corazón de Tacubaya, uno de los barrios con mayor densidad histórica de la Ciudad de México, se encuentra un parque que ha sido testigo de sacrificios prehispánicos, batallas del siglo XIX, proyectos republicanos y conflictos urbanos contemporáneos. La Alameda de Tacubaya marca el antiguo centro de esta población, mucho antes de que fuera absorbida por la expansión de la capital.

Caminar por este espacio es recorrer capas de tiempo superpuestas. Vaya, vaya tacubaya, pocas zonas de la ciudad concentran tantos episodios decisivos en un solo cuadrante urbano.

De Atlacuihuayan a Tacubaya, un origen prehispánico

Antes de la llegada de los españoles, Tacubaya era conocida como Atlacuihuayan, “lugar donde se tuerce el río”. De acuerdo con fray Bernardino de Sahagún, en esta zona existían rituales dedicados a la diosa Cihuacóatl, incluidos sacrificios infantiles, y un adoratorio que se ubicaba donde hoy se levanta el templo y ex convento dominico de La Candelaria.

Tras la conquista, Tacubaya se volvió estratégica. De aquí se extrajo arena y tierra para rellenar los canales de la antigua Tenochtitlan y, durante la época colonial, la zona se consolidó como un importante centro de molinos que abastecían a la ciudad de México. Incluso, tras la gran inundación de 1604, se consideró trasladar la capital de la Nueva España a Tacubaya, un plan que nunca se concretó por su alto costo.

Un jardín republicano marcado por la guerra

La Alameda de Tacubaya surgió como un espacio público en el siglo XIX, en un contexto profundamente político. En 1859, tras la Batalla de Tacubaya, fueron ejecutados 53 militares y civiles liberales por el bando conservador. Estos hechos ocurrieron frente al entonces Palacio Arzobispal de Tacubaya, edificio que más tarde se convertiría en el Observatorio Nacional y que hoy alberga el Instituto Panamericano de Geografía e Historia.

En el centro de la alameda se levanta un obelisco dedicado a los Mártires de Tacubaya, denominación que se consolidó durante la presidencia de Benito Juárez. Por ello, historiadorxs han definido este espacio como un “jardín republicano”, un atrio sin templo, pensado para la memoria cívica más que para el culto religioso.

La Alameda y sus edificios emblemáticos

El parque está rodeado por construcciones que reflejan su antigua relevancia urbana. Al oriente, cruzando avenida Revolución, se encuentra la Iglesia de La Candelaria, núcleo espiritual del Tacubaya colonial. Muy cerca se localiza el antiguo Palacio Municipal, que recuerda cuando Tacubaya fue una ciudad independiente.

En el costado sur de la Alameda destaca la Primaria Justo Sierra, una de las primeras escuelas del barrio y antigua residencia de Justo Sierra, intelectual clave del Porfiriato, impulsor de la creación de la Universidad Nacional de México, hoy UNAM. La escala y arquitectura del edificio evocan el esplendor que tuvo Tacubaya como zona de residencias de campo durante finales del siglo XIX y principios del XX.

Cultura popular y memoria viva

La Alameda de Tacubaya también guarda guiños inesperados a la cultura popular. Entre sus monumentos se encuentran bustos dedicados a Javier Solís, ídolo musical profundamente ligado al barrio, y al boxeador Finito López, recordando que la identidad de Tacubaya no se construye solo desde la historia oficial, sino también desde la vida cotidiana y sus personajes emblemáticos.

Un espacio público en disputa

En años recientes, la Alameda de Tacubaya ha sido señalada por su deterioro urbano, la falta de mantenimiento y la presencia de problemáticas sociales complejas. Vecinos y legisladores han solicitado una intervención integral que recupere su vocación comunitaria, no solo desde la infraestructura, sino desde políticas públicas que atiendan de forma preventiva y humanitaria a las personas en situación de calle.

Lejos de ser un parque cualquiera, la Alameda sigue siendo un termómetro del estado del espacio público en la Ciudad de México: un lugar donde el pasado pesa, el presente exige soluciones y el futuro aún está por definirse.