El Centro Histórico de la Ciudad de México vuelve a mostrar una de sus tensiones más persistentes. Aunque a inicios de enero se anunció un descanso temporal para el comercio informal, la presencia de vendedores ambulantes en calles como Corregidora, Moneda y los alrededores de Palacio Nacional continúa marcando el pulso cotidiano de la zona.
A simple vista, la escena parece ensayada. Comerciantes con radios sujetos al pecho despliegan su mercancía durante lapsos breves, atentos a cualquier señal de alerta. En menos de media hora, mantas en el piso, maniquíes y productos de todo tipo aparecen y desaparecen según el movimiento de las autoridades. La coreografía se repite varias veces al día, como una rutina aprendida tras años de convivencia con operativos y acuerdos frágiles.
Este escenario contrasta con el anuncio realizado el pasado 7 de enero por la Subsecretaría de Programas de Alcaldías y Reordenamiento de la Vía Pública, que establecía un descanso de 15 días para los vendedores, previo al inicio de un proceso de reorganización del comercio informal. De acuerdo con la jefa de Gobierno, Clara Brugada, este plan busca concluir a mediados de 2026 y pretende redefinir el uso del espacio público en el primer cuadro de la ciudad.
Sin embargo, recorridos recientes muestran que la calle de Corregidora, que permaneció despejada durante los primeros días del acuerdo, volvió a llenarse con alrededor de 40 vendedores informales. Desde rastrillos y gel antibacterial hasta ropa interior y accesorios, la oferta se reactiva apenas se disipa la posibilidad de un operativo. En las esquinas, elementos de la Policía Auxiliar y personal de la Secretaría de Gobierno observan sin intervenir de manera directa.
La dinámica se repite en otros puntos emblemáticos. A un costado de la Catedral Metropolitana, cerca de Palacio Nacional, una veintena de comerciantes ha logrado mantenerse activa durante horas, atrayendo tanto a turistas como a habitantes de la ciudad. Bebidas, alimentos y productos importados conviven con el flujo constante de visitantes que recorren el corazón histórico de la capital.
En paralelo, la Alameda Central mantiene una presencia distinta pero igualmente significativa. Un grupo de alrededor de 50 vendedoras feministas ofrece productos diversos sin ser retiradas, lo que evidencia la complejidad del reordenamiento y la diversidad de actores que ocupan el espacio público.
Desde el Gobierno capitalino, el secretario de Gobierno, César Cravioto, ha reiterado que los acuerdos deben respetarse y advirtió que quienes los incumplan podrían quedar fuera del esquema de regularización futura. Según datos oficiales, durante el periodo de descanso se han retirado cerca de 390 comerciantes de la vía pública.
Mientras el proyecto de reordenamiento avanza en el discurso institucional, el Centro Histórico sigue funcionando como un territorio en disputa, donde la economía informal, la vigilancia y la vida urbana se entrelazan día a día.

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