En plena avenida Hidalgo, frente a la Alameda Central, se levanta uno de los edificios más fascinantes y con mayor carga histórica del Centro Histórico de la Ciudad de México: el Antiguo Hospital de San Hipólito. Aunque hoy en día su fachada puede pasar desapercibida entre el ir y venir de coches y peatones, este inmueble fue el primer hospital psiquiátrico de América, fundado en 1567 por el fraile sevillano Bernardino Álvarez.

La historia del hospital comenzó con un propósito muy particular: brindar atención a personas con enfermedades mentales, así como a otros grupos marginados de la sociedad virreinal, como vagabundos, ancianos, huérfanos y pobres. En una época en la que poco se entendía de salud mental, San Hipólito marcó un hito al ofrecer refugio, comida, vestido y cuidados a quienes eran considerados “inocentes, mentecatos o melancólicos”. Su enfoque integraba ciencia, espiritualidad y caridad, y fue mantenido principalmente con limosnas recolectadas entre lxs fieles.

Arquitectura y transformaciones a lo largo de los siglos

El hospital ocupó un imponente inmueble que ha tenido múltiples vidas. Su arquitectura colonial, con muros gruesos y patios interiores, fue ampliada y modificada con el paso del tiempo. A lo largo de su historia, sirvió como cuartel militar, hospital general, albergue para personas sin hogar y, más recientemente, sede de eventos culturales. Incluso fue parcialmente destruido en 1905 para la apertura de nuevas calles, lo que provocó el traslado de sus pacientes a otros centros, algunos incluso a prisiones por falta de espacio.

El nombre del hospital rinde homenaje a San Hipólito, patrón de los enfermos mentales. A su vez, la orden que lo administró —la Orden de la Caridad de San Hipólito— fue la primera congregación religiosa fundada en México. Su fundador, fray Bernardino Álvarez, también abrió hospitales en Puebla, Acapulco y Jalapa, dejando una profunda huella en la historia de la medicina en la Nueva España.

Entre leyendas, realidad y legado

El Hospital de San Hipólito no solo fue pionero en el continente: también está envuelto en múltiples historias. Se sabe, por ejemplo, que algunos trabajadores eran piratas capturados o esclavos indígenas, y que, ante la falta de personal, los mismos enfermos ayudaban en tareas de limpieza y mantenimiento. Su fama como lugar temido no solo se debía a las enfermedades que ahí se trataban, sino también al estigma que rodeaba a sus internos.

A lo largo de los siglos, el edificio sobrevivió guerras, reformas y cambios políticos. En la actualidad, se ha transformado en un espacio moderno de atención médica general, aunque también se ha usado como recinto para eventos culturales y exposiciones, y es considerado monumento histórico por su relevancia arquitectónica y social.

Quien visite hoy el antiguo edificio del Hospital de San Hipólito no solo se encuentra frente a una joya colonial, sino frente a un testimonio vivo del inicio de la atención psiquiátrica en América, una historia que mezcla compasión, ciencia, religión y evolución social.