En una ciudad que presumía orden y progreso, hubo una casa marcada por el horror. En la calle del Corazón de Jesús, cerca del actual exconvento de las Vizcaínas en la Ciudad de México, operó una de las figuras criminales más perturbadoras del siglo XIX: Guadalupe Martínez de Bejarano, conocida por la prensa como La Temible Bejarano o La Mujer Verdugo.

Considerada una de las primeras asesinas seriales registradas en México y probablemente la primera mujer documentada con ese perfil, fue contemporánea de figuras como Francisco Guerrero y Felipe Espinosa. Su caso desató indignación, fascinación mediática y un debate social que oscilaba entre el odio y la compasión.

Una fachada amable y una casa convertida en prisión

Nacida alrededor de 1843, según estimaciones de la prensa de la época, Guadalupe Martínez pertenecía a un estrato social medio o medio alto. Estuvo casada con Macario Bejarano y tuvo al menos un hijo, Aurelio Bejarano Martínez.

Su estrategia era tan simple como perversa: ofrecía empleo doméstico a niñas pobres. Una vez dentro de su casa, el trabajo prometido se transformaba en cautiverio, tortura y abuso sistemático. Las sometía a castigos que incluían flagelaciones, quemaduras y suspensión por las muñecas. Finalmente, las dejaba morir tras semanas de maltrato.

El caso sacudió a la opinión pública por la crueldad de los métodos y por el contraste con su apariencia. Periodistas que la visitaron en prisión la describían como una mujer de semblante apacible, casi maternal. Esa contradicción alimentó la leyenda.

Las víctimas de La Mujer Verdugo

Las víctimas documentadas de Guadalupe Martínez de Bejarano son:

  1. Casimira Juárez
    Niña asesinada en 1878. Fue el primer crimen conocido. Presentaba señales de tortura extrema, quemaduras y ataduras. Murió tras recibir atención médica.
  2. Guadalupe Pineda
    Asesinada en 1891 después de semanas de abuso.
  3. Crescencia Pineda
    Hermana de Guadalupe Pineda. Torturada y hospitalizada en estado crítico, falleció al día siguiente de su ingreso.

Además, múltiples testimonios señalaron que su propio hijo, Aurelio Bejarano Martínez, fue víctima de violencia sistemática durante su infancia. Fue golpeado, azotado con cuerdas mojadas y encerrado en cajas de madera como castigo.

Juicios, indultos y escándalo público

Tras el asesinato de Casimira Juárez, Guadalupe fue condenada a prisión. Sin embargo, el entonces presidente Porfirio Díaz le otorgó un indulto en 1886, decisión que generó polémica.

Años después, tras la muerte de las hermanas Pineda, fue nuevamente detenida. El juicio fue un espectáculo público donde madre e hijo se acusaron mutuamente. Finalmente, Guadalupe fue sentenciada a 10 años y ocho meses en la cárcel de Belén. Aurelio recibió dos años por complicidad.

Murió en prisión antes de cumplir la condena.

La Mujer Verdugo en la cultura popular

El impacto mediático fue tal que el grabador José Guadalupe Posada realizó ilustraciones sobre el caso, hoy convertidas en documentos históricos del imaginario criminal mexicano.

El editor y escritor Antonio Vanegas Arroyo compuso el Corrido de La Temible Bejarano, reflejando cómo el pueblo transformó la tragedia en relato cantado.

Con el tiempo, su nombre se fue desdibujando en la memoria colectiva, eclipsado por otras figuras criminales del Porfiriato. Sin embargo, su caso revela un ángulo inquietante de la historia mexicana: el de una mujer que convirtió el espacio doméstico en escenario de terror, en una época donde la violencia infantil rara vez encontraba justicia efectiva.

La historia de Guadalupe Martínez de Bejarano no solo es la crónica de crímenes atroces, sino también un espejo de las debilidades legales y morales del México decimonónico.