En el mapa áspero de la nota roja mexicana, hay nombres que parecen salidos de una ficción oscura, pero cuya historia está anclada en hechos reales. Uno de ellos es el de “El Ninja de Iztapalapa”, apodo con el que se conoció a Omar “N”, un hombre con antecedentes violentos que durante años logró evadir a las autoridades mientras dejaba un rastro de agresiones, engaños y, finalmente, un feminicidio.
Todo comenzó mucho antes del crimen que lo colocó en el centro de la atención pública. Omar había sido encarcelado en el Reclusorio Oriente, acusado de homicidio y lesiones tras un ataque con un sable que dejó dos personas muertas y varias más heridas. Fue ese episodio el que le valió el alias que lo acompañaría después: una mezcla entre mito urbano y expediente criminal.
Sin embargo, su historia dio un giro inquietante cuando logró escapar del penal en 2011. Para entonces, ya había demostrado una habilidad peligrosa: la de reinventarse. Utilizó identidades falsas, fingió su muerte y durante años permaneció fuera del radar institucional. Incluso, la entonces Procuraduría General de la República ofreció una recompensa por información que condujera a su captura.
Una relación marcada por la violencia
En paralelo a su vida como fugitivo, Omar sostuvo una relación de casi una década con Elideth Ríos Cabrera, con quien tuvo un hijo. De acuerdo con los testimonios de la familia, la relación estaba atravesada por dinámicas de manipulación y abuso.
El hombre, que había recibido un disparo en el pie derecho, utilizaba un bastón para caminar y, según los familiares, se valía de esta condición para chantajear emocionalmente a su pareja cada vez que ella intentaba alejarse.
El 22 de junio de 2020, en el municipio de Nezahualcóyotl, la historia alcanzó su punto más trágico. Elideth fue encontrada sin vida en su domicilio. Tenía 29 años, estudiaba derecho y trabajaba en un restaurante para sostener a su hijo. Su proyecto de vida quedó interrumpido de forma brutal.
La confesión y la fuga
Desde el primer momento, Omar “N” fue señalado como el principal sospechoso. Según el padre de la víctima, el propio agresor lo llamó por teléfono para confesar el crimen. Después, desapareció.
A pesar de la gravedad del caso, la orden de aprehensión tardó meses en emitirse, en parte debido a la confusión generada por las identidades falsas que Omar había utilizado previamente. Durante ese tiempo, la familia enfrentó no solo el duelo, sino también un laberinto institucional que retrasó la búsqueda de justicia.
Captura y antecedentes
Finalmente, en octubre de 2021, agentes de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México lograron detenerlo en el municipio de Tlalnepantla de Baz.
Su captura cerró una etapa de fuga que había comenzado años atrás, pero no borró el historial de violencia que lo precedía: homicidios, agresiones, engaños y una vida construida sobre identidades falsas.
Más allá del apodo
El sobrenombre de “El Ninja de Iztapalapa” puede sonar a caricatura violenta, casi como si perteneciera a una narrativa de ficción. Pero detrás del apodo hay una realidad mucho más cruda: la de un caso de feminicidio que evidencia fallas estructurales en la procuración de justicia, así como los patrones de violencia que muchas mujeres enfrentan en relaciones de pareja.
La historia de Elideth no es un caso aislado. Es un recordatorio de cómo la violencia puede escalar cuando no se atiende a tiempo, y de la urgencia de construir mecanismos más eficaces para proteger a las víctimas.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.