El Centro Histórico de la Ciudad de México, ese territorio donde conviven siglos de historia, comercio cotidiano y vida cultural, se prepara para una de sus transformaciones más ambiciosas en años recientes. A partir de 2026, el corazón de la capital experimentará una renovación integral que busca hacerlo más habitable, seguro y disfrutable tanto para quienes lo recorren a diario como para quienes lo visitan desde otras latitudes.
El llamado Plan Integral para la Recuperación y Mejoramiento del Centro Histórico contempla la rehabilitación de calles, plazas y edificios emblemáticos, así como nuevas estrategias de iluminación, ordenamiento urbano y repoblación. La iniciativa llega en un momento clave, considerando la expectativa de visitantes nacionales e internacionales que recibirá la ciudad con motivo del Mundial de Futbol de 2026.
Uno de los objetivos centrales del proyecto es devolverle al Centro Histórico su carácter de espacio vivo y habitable. En las últimas décadas, la zona se ha inclinado casi por completo hacia el comercio, dejando de lado su vocación residencial. El plan propone recuperar inmuebles actualmente usados como bodegas para destinarlos a vivienda digna, lo que permitiría que más personas vuelvan a habitar esta zona patrimonial.
A la par, se plantea un reordenamiento de la vía pública para mejorar la imagen urbana y liberar espacios saturados. Esto incluye una regulación más clara del comercio informal, la integración de comunidades indígenas a esquemas comerciales formales y la protección de los oficios tradicionales que forman parte de la identidad histórica del centro.
Uno de los ejes más visibles del proyecto será la llamada superiluminación. Se trata de la renovación del alumbrado público a lo largo de 52 kilómetros de calles, con el objetivo de resaltar la arquitectura, aumentar la seguridad nocturna y hacer más atractivo el recorrido por zonas emblemáticas. Aunque aún no se ha detallado qué vialidades contarán con esta intervención, las autoridades han confirmado que los trabajos ya están en marcha.
El plan también apuesta por el uso cultural y recreativo del espacio público. Algunas calles se transformarán en “ludicalles”, es decir, vialidades diseñadas para el juego, la convivencia familiar y el disfrute de niñas y niños. Estas intervenciones buscan crear entornos más amables para peatones, fomentar la permanencia y resignificar el centro como un espacio de encuentro.
La primera calle en adoptar este modelo será San Jerónimo, actual Corredor Cultural Sor Juana. Esta arteria, que alberga espacios como la Universidad del Claustro de Sor Juana, librerías históricas, galerías y cafés culturales, se perfila como un laboratorio urbano donde patrimonio, cultura y vida cotidiana se entrelazan.
Además de la intervención en calles y plazas, la remodelación contempla la restauración de edificios deteriorados, con la intención de mantenerlos activos y vinculados a la dinámica contemporánea de la ciudad. La idea no es convertir el Centro Histórico en un museo al aire libre, sino en un espacio funcional donde pasado y presente convivan de forma orgánica.
Con este plan, el Centro Histórico de la CDMX busca reafirmarse como un patrimonio vivo. Un lugar para habitar, recorrer y redescubrir, donde la historia no solo se conserve, sino que también se adapte a las necesidades de quienes lo caminan todos los días.

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