En la Colonia del Valle, una de las zonas más dinámicas y caminables de la Ciudad de México, corre una avenida que todxs conocen pero pocxs se detienen a pensar en su origen. Se trata de Félix Cuevas, un tramo del Eje 7 Sur que va de Avenida Universidad hacia Insurgentes, cambiando de nombre a “Extremadura” antes de llegar a esta última. Hoy es un corredor urbano lleno de comercios, restaurantes, librerías, oficinas y tránsito constante, pero su nombre recuerda a un personaje cuya vida parecería sacada de una novela de aventuras y fortuna.

Un joven cántabro que llegó con 17 años a un país en guerra

Félix de las Cuevas González nació en 1830 en Aniezo, Cantabria, en una familia numerosa sin lujos. A los 17 años decidió embarcarse hacia México, aun cuando el país atravesaba la guerra contra Estados Unidos. Ese salto al vacío marcaría el inicio de una trayectoria sorprendente: el joven español, hábil con los números y de carácter afable, pronto ganó la confianza de algunas de las familias más influyentes, administrando sus bienes mientras ellas emigraban temporalmente para evitar la inestabilidad política.

Con el tiempo, su talento para las finanzas lo llevó a invertir en uno de los proyectos más ambiciosos del México decimonónico: el Banco de Londres, México y Sudamérica, el primer banco privado comercial del país. Esa decisión lo convertiría en una figura clave en la construcción del sistema financiero moderno.

De inversionista visionario a fundador del Banco Nacional de México

En la década de 1880, Félix Cuevas dio un paso decisivo al adquirir una parte importante del capital del Banco Nacional Mexicano, que en 1884 se fusionó con el Banco Mercantil Mexicano para formar lo que hoy conocemos como Banco Nacional de México (Banamex). Su participación en estas instituciones marcó un antes y un después en la economía del país.

Además, se involucró en sectores estratégicos: fue accionista de empresas eléctricas, ferroviarias y mineras, y miembro del consejo del Ferrocarril Mexicano, que inauguró en 1873 la histórica ruta México–Veracruz. También formó parte de la Compañía Real del Monte y Pachuca, una de las compañías mineras más importantes de su época.

Un empresario con vocación humanitaria

Más allá de su éxito económico, Félix Cuevas fue reconocido por su profunda labor filantrópica. Desde la Sociedad Española de Beneficencia, de la cual llegó a ser presidente, impulsó programas de apoyo para migrantes en situación vulnerable, enfermos, ancianos y trabajadores sin hogar. A su muerte, dejó un legado considerable, incluyendo acciones del Banco Nacional de México y bonos de ferrocarriles, destinado a la construcción de viviendas dignas y gratuitas para personas desvalidas. Ese deseo dio origen, en 1922, a la Fundación Félix Cuevas, dedicada a proporcionar alojamiento y apoyo a quienes más lo necesitan.

Su discreción era tal que jamás quiso hacer públicos los montos de sus donaciones. Su filantropía hablaba por él.

La avenida que lleva su nombre

Como reconocimiento a su aporte financiero, empresarial y humanitario, una de las avenidas más representativas de la Colonia del Valle fue nombrada Félix Cuevas. Hoy, la calle es un eje vital de movilidad que conecta Insurgentes con Universidad y da nombre también a una estación del Metrobús, convirtiendo su memoria en parte del traslado diario de miles de personas.

Caminar por Félix Cuevas es recorrer una de las arterias que mejor capturan la vida contemporánea de la Del Valle, pero también es pasar, tal vez sin saberlo, frente al legado de un migrante que llegó sin nada y decidió retribuirle al país que lo adoptó.