El Barrio de San Juan, ubicado al suroeste del Centro Histórico de la Ciudad de México, tiene una historia que se remonta al barrio prehispánico de Moyotlan (“lugar de mosquitos” en náhuatl), uno de los cuatro campan (barrios) de Tenochtitlán. Tras la conquista, se reorganizó como San Juan Moyotla, albergando la sede del gobernador indígena, una plaza de comercio y una pequeña capilla dedicada a Juan el Bautista, fundada por los franciscanos de la mano de Fray Pedro de Gante o la Segunda Audiencia.

En el siglo XVI emergieron instituciones relevantes: el Colegio de San Juan de Letrán (1548), para mestizos, y el Hospital Real de San José de los Naturales (1553), el único hospital colonial autorizado para tener un teatro público con fines de sostenimiento. En 1598 llegaron las monjas clarisas para fundar el convento de San Juan de la Penitencia, acompañado de la capilla y de servicios funerarios para los pobladores.

Durante los siglos XVII y XVIII, el barrio fue remodelado: se reedificaron iglesias, hospitales y teatros, se estableció el Hospicio de Pobres (1744) y se trazaron calles nuevas, como la avenida Revillagigedo (1794), impulsando el crecimiento urbano y dejando como legado bellos edificios coloniales.

Siglos XIX y XX: mercados, fábricas y vida cultural

En 1850 se inauguró el Mercado de Iturbide, diseñado por el arquitecto francés Enrique Griffon, pionero en estructuras de hierro y cenefas de madera. En la segunda mitad del siglo XIX, tras la Reforma, se cerraron conventos y hospitales; en su lugar surgieron fábricas como la emblemática El Buen Tono, construida por Ernesto Pugibet en terrenos del viejo convento, la cual impulsó la industrialización local hasta mediados del siglo XX.

A principios del XX, se construyó la sexta delegación de policía (estilo neogótico), transformada años más tarde en el Casino Alemán, sede social de la comunidad teutona. En las décadas de los 50, se modernizaron los mercados: surgieron cuatro nuevos mercados Arcos de Belén, Palacio de las Flores, Curiosidades y Ernesto Pugibet–, que aún hoy son centros de comercio y tradición.

Hoy: un barrio histórico con vida moderna

El Barrio de San Juan conserva una impresionante concentración de monumentos artísticos, con edificios coloniales, eclesiásticos e industriales. También alberga al famoso Barrio Chino, lleno de sabores y color.

Sus cuatro mercados (San Juan, Arcos de Belén, Palacio de las Flores y Curiosidades) atractivos para locales y visitantes, destacan por su oferta alimentaria, medicinal y de artesanías. En ellos, el 24 de junio se celebra la fiesta de San Juan, con verbenas, obsequios de comida y un ambiente festivo que une tradición y comunidad.

Entre sitios de interés se cuentan la iglesia del Buen Tono (actual templo de Nuestra Señora de Guadalupe), la Basílica de San José, la Plaza Santos Degollado, la Museo de Arte Popular, el Teatro Metropólitan, el Antiguo Casino Alemán, la Academia Mexicana de la Historia y la Casa del Marqués de Guadalupe, hoy centro cultural.

Curiosidades y vecindad ilustre

En este barrio vivieron personajes destacados, como el arquitecto Ignacio Castera, el impresor Ignacio Cumplido, el diplomático Artemio de Valle Arizpe, la soprano Irma González, la actriz Emilia Guiú, el político José Ives Limantour, el torero Luis Procuna Montes ─“El Berrendito de San Juan”─ y el músico Ángel Minjárez Osuna, entre otros.

El hospital de naturales fue reutilizado como imprenta y la portada guardada por el INAH hoy luce en espacios como Chapultepec. Además, tras los daños del terremoto de 2017, el mercado de artesanías fue renovado y reinaugurado en 2020, dando nueva vida a la tradición.


¿Por qué visitar el Barrio de San Juan?

  • Rich history que va de Tenochtitlán al México contemporáneo.
  • Cuatro mercados tradicionales llenos de sabores, colores y rituales.
  • Multitud de monumentos artísticos y arquitectura de distintas épocas.
  • Barrio Chino con oferta culinaria y cultural.
  • Comunidad con identidad viva y raíces profundas.

El Barrio de San Juan es un destino que invita a descubrir capas históricas, a disfrutar mercados llenos de vida y a admirar joyas arquitectónicas que reflejan siglos de historia. Un lugar que merece conocerse con todos los sentidos.