Durante Art Week 2026, el espacio cultural Caleta abrirá sus puertas por última vez en Santa María la Ribera con una propuesta que incomoda, interpela y obliga a dudar de lo que creemos cierto. Se trata de The Gods Must Be Crazy III, performance del artista multidisciplinario Fernando Aznar, realizada en colaboración con el mentalista Diego Winburn, y concebida como una experiencia límite sobre la construcción colectiva de la realidad.

La obra utiliza la hipnosis como herramienta artística para explorar cómo se forman, sostienen y normalizan los sistemas de creencias. Tres intérpretes, plenamente conscientes pero en un profundo estado hipnótico, atraviesan una serie de situaciones construidas a partir de analogías donde conceptos como el bien y el mal, la verdad y la amenaza, aparecen no como verdades absolutas, sino como estructuras sociales que influyen directamente en la conducta, el juicio y el consentimiento.

Lejos de ofrecer símbolos cerrados o mensajes a descifrar, la performance convierte el escenario en un laboratorio de imprevisibilidad. Las acciones abiertas y las interacciones complejas generan situaciones inesperadas que desbordan el tiempo de la función y continúan resonando en quienes asisten. El público no observa desde una distancia segura: se le exige suspender certezas y cuestionar sus propios marcos de creencia. Entrar a la obra implica asumir el riesgo de la duda.

El título de la pieza remite a la película The Gods Must Be Crazy de 1980, en particular a una escena donde una comunidad aislada interpreta el paso de un avión desde su propio sistema simbólico. Aznar retoma esa imagen como metáfora de cómo el sentido no surge de la verdad objetiva, sino del acuerdo colectivo frente a lo desconocido. En ese gesto se ancla el núcleo conceptual de la obra.

Aunque el proyecto fue desarrollado originalmente en Ciudad de México en 2022, esta presentación marca su primera activación pública. Su estreno ocurre en un contexto global atravesado por la fragmentación política, los conflictos territoriales y las guerras sostenidas por sistemas de creencias enfrentados, lo que vuelve especialmente pertinente su reflexión sobre los límites del consenso y el costo de absolutizar las ideas.

La práctica de Fernando Aznar se mueve entre la performance, el teatro, el cine y la instalación, entendiendo el cuerpo como un espacio donde se inscriben las estructuras sociales. Formado en actuación en México, Nueva York y Madrid, y con una maestría en Performance y Arte Conceptual por Goldsmiths, University of London, su trabajo suele situar a las audiencias dentro de condiciones espaciales y psicológicas que revelan los mecanismos de autoridad, percepción y creencia. En años recientes, su investigación se ha enfocado también en la construcción de la masculinidad como un campo abierto de análisis crítico.

Como parte del cierre de Caleta, The Gods Must Be Crazy III estará acompañada por una instalación de video que podrá visitarse durante todo febrero dentro del programa Open Studio del espacio. Además, el público podrá conocer los estudios y procesos de otros artistas residentes como Román de Castro, Daniela Zorrilla Dayun, Julia Ponce y Hannah Ruth Walker, reforzando el carácter colectivo de esta despedida.

La última apertura de Caleta no es solo un cierre, sino una invitación a pensar cómo se construye aquello que llamamos realidad y qué sucede cuando dejamos de creer que es inamovible.