Entre el bullicio de la Calzada Vallejo, a unos pasos del Hospital La Raza y del centro comercial Portal Vallejo, se encuentra una pequeña pero histórica capilla que ha resistido el paso del tiempo: la Capilla de San Juan Huitznáhuac. Aunque muchxs transeúntes pasan sin notarla, este recinto guarda siglos de historia, tradiciones y detalles únicos que la convierten en una verdadera joya del norte de la Ciudad de México.
El nombre Huitznáhuac proviene del náhuatl y significa “entre espinas”. Durante la época prehispánica, existieron varios asentamientos con ese nombre alrededor de Tenochtitlán. Uno de ellos se ubicaba justo donde hoy se alza esta capilla, en lo que fue un islote al norte de Tlatelolco, cerca del antiguo pueblo de Xocotitla.
Con la llegada de los españoles, este lugar se integró al Camino Real de Tierra Adentro, una importante ruta comercial que conectaba la capital del virreinato con el norte del territorio, incluso hasta Santa Fe, en lo que hoy es Estados Unidos. En su primer tramo, esta vía era conocida como el Camino de Tolnáhuac, y fue ahí donde los frailes franciscanos construyeron en el siglo XVI una primera ermita de paso. A inicios del siglo XVII, se levantó la capilla que hoy conocemos, dedicada a San Juan Bautista, santo patrono del lugar.
Arquitectura con siglos de historia
La capilla, aunque pequeña, tiene detalles arquitectónicos muy particulares. Su fachada combina cantera y adobe, y ha sido pintada de rojo, resaltando el arco de piedra que enmarca su antigua puerta de madera. A la izquierda se eleva una torre campanario añadida en el siglo XVIII, que completa su silueta clásica y encantadora.
Al entrar, lxs visitantes pueden encontrar la figura de San Juan Bautista, flanqueado por dos ángeles, San Martín de Porres y una imagen de la Virgen María. También hay esculturas más recientes, como otra figura de San Juan usada para las procesiones, con el fin de conservar la original.
Un detalle muy llamativo es la presencia de un Cristo con cabello humano y ojos incrustados, así como otra imagen de Jesús en la cruz, también con cabello real, lo que les da un carácter único y profundamente devocional. En el altar también se puede admirar una Santísima Trinidad tallada en la que Dios Padre sostiene el cuerpo de su Hijo.
En las paredes, se conservan cuadros antiguos con distintas advocaciones como María Auxiliadora, la Divina Infantita y una posible pintura virreinal del nacimiento de Jesús. Aunque ya no es posible ver las pinturas originales de la cúpula, algunos vestigios de símbolos y decoraciones antiguas aún resisten el paso del tiempo.
Entre espinas y botellas
Una de las anécdotas más curiosas del lugar se encuentra al exterior. En la parte trasera de la capilla, sobre la calle Rafael Martínez de la Torre, se puede ver una pared adornada con botellas de refresco de dos litros, creando un relieve peculiar que muestra la creatividad y el ingenio popular. En la esquina superior de esa misma pared, hay una misteriosa escultura de lo que parece una cabeza o un cráneo, que podría haber formado parte de un antiguo altar o tzompantli.
Frente a esta pared también sobrevive una barda antigua, testimonio de cuando se fundaron las colonias alrededor, como Héroes de Nacozari, Guadalupe Victoria y Vallejo Poniente, hacia finales del siglo XIX. El señor Pedro Salazar, dueño de los terrenos, decidió respetar la capilla al urbanizar la zona, permitiendo que llegara hasta nuestros días.
Una comunidad viva
Hoy, la capilla es administrada por la cercana Parroquia de Nuestra Señora del Consuelo. Aunque sus puertas solo se abren los domingos para misa y en celebraciones especiales, sigue siendo un punto de encuentro para las y los vecinos de la zona. Su limpieza, cuidado y la presencia de una encantadora estudiantina dan testimonio de una comunidad que valora su historia y su fe.
En 2010, el Camino Real de Tierra Adentro fue reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, con esta capilla como uno de los puntos que lo integran. Así, entre las modernas vialidades, el tráfico y los edificios contemporáneos, la Capilla de San Juan Huitznáhuac se mantiene como un símbolo de permanencia, resistencia y memoria histórica.

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