En una esquina tranquila del barrio de Chimalistac, al sur de la Ciudad de México, se levanta una construcción pequeña en escala pero enorme en historia: la Capilla de San Sebastián Mártir, uno de los templos más antiguos que se conservan en esta zona y un testigo silencioso de más de cuatro siglos de transformaciones urbanas, religiosas y sociales.

Ubicada hoy en la alcaldía Álvaro Obregón, esta capilla fue edificada a finales del siglo XVI, cuando Chimalistac aún formaba parte del señorío de Coyoacán. Su presencia antecede al trazo moderno de la ciudad y conserva la memoria de un antiguo punto de reunión indígena, jardines conventuales, epidemias, abandono y rescate comunitario.

Chimalistac, “el lugar de los escudos blancos”

El nombre Chimalistac proviene del náhuatl y significa “en el lugar de los escudos blancos”, una referencia a su importancia simbólica en el mundo prehispánico. Antes de la Conquista, esta zona pertenecía al ámbito político de Coyohuacan, y funcionaba como un sitio ceremonial ligado a rituales guerreros y religiosos descritos por fray Bernardino de Sahagún.

Tras la caída de Tenochtitlan, el territorio pasó a manos de Juan de Guzmán Ixtolinque, cacique aliado de Hernán Cortés, quien recibió extensas tierras como recompensa por su apoyo a los españoles. Parte de esas propiedades incluían huertas fértiles irrigadas por el río Magdalena, cuyas aguas hoy corren de forma subterránea.

Una capilla abierta para tiempos de epidemia

Fue en este contexto donde surgió la primera capilla dedicada a San Sebastián, santo protector contra epidemias y plagas. Durante muchos años, el templo funcionó como capilla abierta, un espacio pensado para congregar a grandes grupos al aire libre, especialmente en momentos de crisis sanitaria.

La capilla aparece documentada por primera vez en 1553, aunque se cree que una construcción más modesta existía desde décadas antes. Hacia 1585, los frailes carmelitas edificaron la nave principal y colocaron la cruz atrial, que aún se conserva en su ubicación original.

Transformaciones, abandono y redescubrimiento

A finales del siglo XVII, la capilla fue modificada: se cubrió el espacio, se tapiaron los arcos laterales y se añadieron el presbiterio y la torre campanario, cuya inscripción indica que fue concluida alrededor de 1690. Durante siglos, el templo continuó en servicio hasta que las Leyes de Reforma, en 1867, provocaron su confiscación y abandono.

Durante ese periodo de decadencia, la capilla incluso sirvió como escenario cinematográfico. La más célebre filmación fue Santa (1931), adaptación de la novela de Federico Gamboa, cuya historia transcurre precisamente en el barrio de Chimalistac.

El rescate impulsado por los vecinos

Para 1938, el inmueble se encontraba en ruinas. Fueron los propios vecinos quienes impulsaron y financiaron su reconstrucción, logrando que el culto se reanudara y que el edificio fuera declarado Monumento Histórico el 1 de septiembre de 1932.

Poco después, el habitante de Chimalistac Antonio Palma, trabajador del Departamento de Monumentos Históricos, descubrió en las bodegas del exconvento de Churubusco un retablo barroco del siglo XVIII, proveniente de la antigua iglesia de la Piedad, demolida en 1935. Gracias a la gestión comunitaria, el retablo fue trasladado a la capilla, donde permanece hasta hoy.

Arquitectura sencilla, memoria profunda

La Capilla de San Sebastián Mártir destaca por su arquitectura austera y funcional. Fue construida con materiales locales como cantera, piedra volcánica y madera, y orientada hacia el amanecer para que el altar se iluminara con la luz natural durante las misas matutinas.

El edificio mide aproximadamente 15.6 metros de largo, 5.1 metros de ancho y 6.5 metros de altura. Su fachada actual es el resultado de múltiples intervenciones del siglo XX, pero conserva elementos clave como el arco de medio punto, la cruz atrial del siglo XVI y el campanario de tres cuerpos.

En el interior, el retablo barroco narra los Misterios Gloriosos del Rosario y alberga una escultura de San Sebastián Mártir del siglo XVII, pieza central de la devoción local.

Un espacio vivo en la ciudad contemporánea

Hoy, la capilla sigue siendo un punto de encuentro fundamental para lxs habitantes de Chimalistac. Más allá de su función religiosa, la plaza que la rodea es un espacio comunitario donde conviven la vida cotidiana, la memoria histórica y el turismo cultural.

Cada 20 y 30 de enero, el barrio celebra la fiesta de San Sebastián con procesiones, danzantes y fuegos artificiales, manteniendo viva una tradición que atraviesa siglos. Rodeada de árboles, calles empedradas y silencio urbano, la capilla conserva una cualidad casi insular, como si el tiempo avanzara a otro ritmo.

La Capilla de San Sebastián Mártir no impone su presencia; la revela lentamente. Es un recordatorio de que la historia de la Ciudad de México también se cuenta desde sus barrios antiguos, sus templos modestos y la persistencia de quienes los han cuidado generación tras generación.