En el ajetreo del Centro Histórico de la Ciudad de México, hay un pequeño rincón que suele pasar desapercibido, pero que guarda siglos de historia entre sus muros. Hablamos de la Capilla del Señor de la Expiración, ubicada al borde de la Plaza de Santo Domingo, justo en la esquina de la calle Belisario Domínguez. Aunque hoy es una capilla poco visitada, su pasado es tan antiguo y fascinante como el del templo que le da nombre a la zona.
Una capilla con más de cuatro siglos
Se cree que esta pequeña capilla fue construida alrededor de 1590, aunque ha sido reformada varias veces desde entonces. Originalmente, formaba parte de un conjunto de cuatro pequeñas capillas conocidas como capillas de posa, situadas en las esquinas del antiguo atrio del convento dominico.
Estas capillas de posa, únicas en la arquitectura virreinal de la Nueva España, se usaban durante las procesiones como estaciones de descanso y reflexión. Algunas fuentes también indican que pudieron haberse utilizado como espacios de estudio o incluso para la evangelización de los habitantes indígenas de la zona.
Lamentablemente, las otras tres capillas desaparecieron con el paso del tiempo. La Capilla del Señor de la Expiración es la única que ha resistido el embate de los siglos y las remodelaciones urbanas. Su última gran reconstrucción fue a mediados del siglo XVIII, cuando adoptó su diseño actual.
Lo que queda de un gran complejo
Esta capilla es uno de los pocos elementos que sobreviven del gran convento de Santo Domingo, fundado por los dominicos tras su llegada a la Nueva España en 1526. En sus inicios, el convento incluía no solo templos y espacios de enseñanza, sino también viviendas y una cárcel para los delitos religiosos, ya que los dominicos también estuvieron a cargo del Tribunal de la Inquisición.
Con las reformas liberales del siglo XIX, muchos de estos edificios fueron demolidos o transformados, incluyendo la demolición del muro que rodeaba el atrio. Fue entonces, en 1861, cuando la capilla quedó completamente expuesta al exterior, como la vemos hoy.
Un lugar de memoria
Justo frente a esta capilla se encuentra la parte norte de la plaza, rebautizada como Plaza 23 de Mayo en honor al movimiento estudiantil de 1929, que culminó con la autonomía de la Universidad Nacional. Ese día, el 23 de mayo, se conmemora actualmente como el Día del Estudiante en México. Así, el sitio no solo recuerda la historia religiosa y colonial, sino también los pasos de jóvenes que transformaron el rumbo de la educación en el país.
Pequeña, modesta y silenciosa, la Capilla del Señor de la Expiración es mucho más que una construcción antigua: es un testigo sobreviviente de la historia de la ciudad, de las transformaciones urbanas y de las luchas sociales que han dado forma a la Plaza de Santo Domingo y sus alrededores.

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