Justo en la esquina de las calles Moneda y Licenciado Primo Verdad, a unos pasos del Templo Mayor y el Antiguo Palacio Arzobispal, se encuentra una joya poco conocida pero fundamental en la historia de México y de todo el continente: la Casa de la Primera Imprenta de América. Este edificio, que hoy luce discreto entre las construcciones coloniales del Centro Histórico de la Ciudad de México, fue testigo del inicio de la imprenta en el Nuevo Mundo.
De fundición a imprenta
El origen de la casa se remonta a 1524, cuando fue construida por Jerónimo de Aguilar, antiguo intérprete de Hernán Cortés. En un principio, el espacio funcionó como fundición, donde se hicieron las primeras campanas de la Catedral de México. Por eso, durante años se le conoció como la Casa de las Campanas.
En 1539, el arzobispo Juan de Zumárraga recibió autorización del rey Carlos I de España para instalar una imprenta en la Nueva España. El proyecto fue financiado por el editor sevillano Juan Cromberger, quien envió al impresor italiano Juan Pablos (Juan Paoli) a hacerse cargo del taller. Así, en esta casa comenzó a funcionar la primera imprenta de América, marcando un antes y un después en la historia cultural del continente.
El primer libro impreso fue nada menos que un catecismo escrito por el propio arzobispo, titulado “Breve y más compendiosa doctrina cristiana en lengua mexicana y castellana”. No solo fue un hecho editorial, también representó el inicio del uso de la lengua náhuatl en los medios escritos.
Un edificio con muchas vidas
Después de su etapa como imprenta, la casa cambió de manos y funciones muchas veces. En el siglo XVII perteneció al convento de Santa Teresa, y más tarde, en el XVIII, a la Orden de la Merced. Durante la invasión estadounidense de 1847, fue ocupada por tropas que destruyeron los archivos históricos que allí se conservaban.
Más adelante, albergó una tienda de muebles, oficinas gubernamentales e incluso una papelería llamada Imprenta y Papelería Militar Marte. A pesar de estos usos, la casa conservó su estructura colonial y su profundo valor simbólico.
Redescubierta y restaurada
En 1989, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) adquirió el inmueble con la intención de rescatarlo. La restauración fue realizada en conjunto con el INAH y el Programa de Restauración del Centro Histórico. Durante las obras, se hizo un hallazgo sorprendente: a menos de un metro bajo el piso, apareció una cabeza de serpiente de piedra, probablemente parte del antiguo templo dedicado a Tezcatlipoca.
Un espacio cultural vivo
Desde su reapertura en 1993, la Casa de la Primera Imprenta de América se ha convertido en un centro cultural activo. Alberga la Librería Juan Pablos, salas de exposición, espacios para conferencias y talleres, y desde 2008, también el Museo del Libro, donde se muestran algunos de los volúmenes más antiguos de México.
Hoy, este espacio no solo honra el inicio de la impresión en el continente, también celebra la palabra escrita en todas sus formas: oralidad, lenguas originarias, historia editorial y pensamiento crítico. Es parte vital del corredor cultural del Centro Histórico y un rincón que invita a detenerse, observar y aprender.

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