Entre los árboles del Bosque de Chapultepec y frente al espejo acuático del Lago Mayor, la Casa del Lago Juan José Arreola permanece como uno de los espacios culturales más emblemáticos de la Ciudad de México. Su arquitectura de aire europeo, los jardines que la rodean y su historia ligada a la vanguardia artística mexicana la han convertido en mucho más que un recinto universitario: es una especie de faro cultural donde conviven literatura, música experimental, cine, teatro y arte contemporáneo.

La historia del inmueble comenzó a inicios del siglo XX, cuando el presidente Porfirio Díaz ordenó la construcción de una elegante casa de descanso junto al lago de Chapultepec. La residencia formaba parte del ambicioso proyecto de modernización del bosque rumbo a las celebraciones del Centenario de la Independencia en 1910. Su diseño, rodeado de jardines y con una privilegiada vista hacia el Castillo de Chapultepec, reflejaba el gusto afrancesado de la época porfiriana.

Tras el estallido de la Revolución Mexicana, el edificio cambió varias veces de función. Fue sede del Automóvil Club, centro de reparto agrario y posteriormente albergó al Instituto de Biología de la UNAM antes de que éste se trasladara a Ciudad Universitaria. Sin embargo, el destino que terminaría marcando su identidad llegó en 1959, cuando el rector Nabor Carrillo y el promotor cultural Jaime García Terrés decidieron transformarlo en el primer centro cultural extramuros de la universidad.

El escritor Juan José Arreola fue nombrado director fundador y convirtió el recinto en un hervidero creativo. Desde sus primeros años, la Casa del Lago abrió espacio a lecturas de poesía, teatro experimental, música contemporánea y encuentros intelectuales que rompían con los formatos tradicionales de la época. Las actividades incluso se realizaban sobre el agua, con recitales y presentaciones en plataformas flotantes que parecían salidas de una escena surrealista.

Bajo la dirección de Arreola nacieron iniciativas como “Poesía en Voz Alta”, uno de los proyectos culturales más influyentes del siglo XX mexicano. Por sus espacios desfilaron figuras como Octavio Paz, Leonora Carrington, Juan Soriano y José Luis Cuevas, además de dramaturgxs, músicxs y artistas que encontraron aquí un terreno fértil para experimentar.

Con el paso de las décadas, distintxs directorxs expandieron la vocación interdisciplinaria del recinto. El poeta Tomás Segovia impulsó ciclos de cine y música contemporánea; Juan Vicente Melo fortaleció el teatro de vanguardia y los conciertos experimentales; mientras que figuras como Hugo Gutiérrez Vega y José Luis Paredes Pacho apostaron por abrir el espacio a nuevas generaciones artísticas y tendencias contemporáneas.

La Casa del Lago también se convirtió en refugio para movimientos que transformaron la cultura mexicana. Dio cabida a artistas de la llamada Generación de la Ruptura, promovió exposiciones estridentistas y consolidó espacios dedicados al documental, el performance y las artes experimentales. Durante los años sesenta y setenta, el lugar alcanzó una reputación casi legendaria entre estudiantes, intelectuales y creadorxs que buscaban propuestas alejadas de los circuitos culturales convencionales.

Hoy, la Universidad Nacional Autónoma de México mantiene viva esa tradición. La programación actual de Casa del Lago incluye conciertos, ciclos de cine, residencias artísticas, talleres, seminarios y exposiciones que dialogan con temas contemporáneos como el feminismo, el medio ambiente, la cultura digital y las nuevas tecnologías. Sus áreas abarcan música, literatura, artes escénicas, proyectos interdisciplinarios y actividades formativas para públicos diversos.

Uno de sus rasgos más distintivos es la manera en que el recinto aprovecha su arquitectura y entorno natural. Las salas interiores conviven con jardines, foros abiertos y espacios sonoros al aire libre donde el público puede asistir a conciertos de música electrónica, instalaciones multimedia o lecturas poéticas rodeadas de árboles y agua. Más que un museo o un teatro convencional, Casa del Lago funciona como un organismo cultural vivo que se transforma constantemente.

Durante la pandemia de Covid-19, el recinto impulsó el proyecto Casa del Lago Virtual, ampliando su alcance mediante actividades digitales, exposiciones en línea y proyectos de arte tecnológico. Bajo la dirección de Cinthya García Leyva, el espacio ha fortalecido además las residencias artísticas, la programación interdisciplinaria y las propuestas enfocadas en arte joven latinoamericano.

A más de seis décadas de su fundación como centro cultural universitario, Casa del Lago sigue siendo un punto de encuentro para la experimentación artística y la reflexión cultural. Entre sus muros aún resuena el eco de lecturas poéticas, conciertos imposibles y conversaciones que ayudaron a redefinir la vida cultural de México.