Durante décadas, el cine mexicano trató lo LGBT+ como un tabú: personajes que apenas podían decir quiénes eran, relegados a la burla, al estereotipo o al drama condenado. Pero lo queer nunca estuvo ausente. Ha estado en los márgenes, rompiendo silencios, desafiando convenciones y ampliando las formas en que imaginamos la identidad, el deseo y la libertad.

Hoy, en pleno Mes del Orgullo 2025, hacemos un recorrido por el cine queer mexicano —un archivo de resistencia, belleza y transformación—, mientras una nueva voz se abre paso en cartelera: La Arriera, de Isabel Cristina Fregoso.


De los márgenes a la pantalla: una historia de ruptura

El primer personaje abiertamente homosexual en el cine mexicano apareció en 1938, en La casa del ogro, donde Don Pedrito (interpretado por Manuel Tamés) sirvió como alivio cómico. No era una figura empoderada, pero su sola aparición marcó un punto de partida.

En 1977, El lugar sin límites, de Arturo Ripstein, dio un paso más: “La Manuela”, interpretada por Roberto Cobo, fue protagonista de uno de los momentos más polémicos y revolucionarios del cine nacional: el primer beso homosexual en pantalla. Aunque la narrativa seguía anclada a la tragedia, el personaje tenía dignidad y deseo propios.

Después vino Jaime Humberto Hermosillo, que transformó el panorama con películas como Doña Herlinda y su hijo (1985), mostrando relaciones afectivas sin necesidad de moralismos ni castigos. Más adelante, Y tu mamá también (2001), de Alfonso Cuarón, dejó entrever una tensión homoerótica entre sus protagonistas, ayudando a que lo ambiguo fuera, también, político.

El cambio estético y narrativo tomó fuerza con cineastas como Julián Hernández, quien con títulos como Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor (2003) y El cielo dividido (2006), llevó al cine mexicano a explorar la poética del deseo masculino sin filtros.


Un mapa diverso de historias LGBT+ en el cine mexicano

En los últimos años, la diversidad sexual ha tomado nuevos caminos en pantalla:

  • Carmín Tropical (2014), de Rigoberto Pérezcano, presenta a una protagonista trans que investiga un crimen en su pueblo.
  • Quebranto (2013), de Roberto Fiesco, rescata la historia de Coral Bonelli, actriz trans que brilló como niño actor en los años 70.
  • El baile de los 41 (2020), de David Pablos, revive el célebre escándalo queer del Porfiriato.
  • Documentales como Las flores de la noche y Cosas que no hacemos (ambos de 2020) retratan vidas queer en contextos rurales y conservadores.
  • Nudo mixteco (2021), de Ángeles Cruz, y Nunca seremos parte (2022), de Amelia Eloisa, profundizan en la intersección entre identidad, territorio y afectos familiares.

La Arriera: cine queer desde lo rural y lo íntimo

A pesar de este panorama cada vez más amplio, junio de 2025 nos recuerda que las historias LGBT+ mexicanas siguen siendo escasas en cartelera. Una excepción es La Arriera, de Isabel Cristina Fregoso, protagonizada por Andrea Aldana, que se proyecta este mes como un gesto claro de visibilidad y resistencia.

La película se aleja de los discursos panfletarios para hablar de la identidad como una experiencia íntima y poderosa, enmarcada en un entorno rural donde el cuerpo se convierte en territorio de lucha y liberación. Su presencia en salas este junio no es casualidad: es un acto de afirmación en un mes donde el orgullo también se celebra en pantalla.


Lo queer como forma de ver y contar el mundo

El cine LGBT+ en México no es un género. Es una forma de narrar que cuestiona lo establecido, que amplía la mirada sobre la masculinidad, el amor, la familia y la libertad. En tiempos donde las conversaciones sobre género, afecto y comunidad están más vivas que nunca, mirar estas películas también es un acto de empatía y conciencia.

Porque el cine, como el orgullo, no solo entretiene: también forma, también cuestiona y también libera.


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