Visitar Circus Park en Pabellón Insurgentes me llevó directo a una época que creía olvidada. Cuando era niño, después de las clases de catecismo, mi papá nos recompensaba llevándonos a Plaza Lindavista, donde podíamos gastar unas monedas en las maquinitas. Ya fuera un videojuego de básquetbol, tiro al blanco o el clásico Whac-A-Mole, la diversión estaba garantizada. Con el tiempo, esa sala cerró y se convirtió en un restaurante de mariscos, y aunque más tarde encontramos otro lugar con juegos tipo arcade, nada volvió a ser igual.

Años después, una empresa de salas de entretenimiento comenzó a abrir locales por toda la ciudad. Aunque el concepto era similar, algo faltaba: quizá la magia, quizá la edad. Pero hace unos días, todo cambió cuando fuimos con la sobrina de mi novia a Circus Park. Al principio fui escéptico, sin muchas expectativas. Sin embargo, apenas crucé la entrada, la nostalgia me golpeó de frente.
Lo primero que debes hacer al llegar es comprar o recargar tu tarjeta de juego (muy distinta a la clásica llave de antaño). Cada máquina cuesta alrededor de 20 pesos, y hay desde Air Hockey y futbolito hasta experiencias de realidad virtual. Empezamos con un clásico shooter en el que disparas a los villanos sin lastimar a los rehenes (nada de esas metralletas futuristas que abundan ahora). Luego vinieron juegos de precisión con pelotas de ping pong, tiro al blanco, el siempre divertido Skee Ball y una ronda de Air Hockey.

Pero la verdadera sorpresa vino con los juegos de realidad virtual. Circus Park tiene varias cabinas o maquinas inmersivas. Probamos una en la que te acuestas frente a una pantalla gigante mientras simulas un recorrido por el viejo oeste, con efectos de viento, movimiento y sonido envolvente. También subimos a una cabina inspirada en los Rabbids, esos simpáticos personajes nacidos en el universo de Rayman. Con gafas tipo Oculus y un asiento que se mueve al ritmo de la animación, fue una experiencia envolvente y sorprendentemente divertida para todas las edades.

Al terminar, con la tarjeta agotada pero los ánimos por las nubes, descubrimos que habíamos acumulado unos 2,000 tickets virtuales. Así que fuimos al kiosco de premios a canjearlos por dulces. Eso sí, la inflación no perdona ni en el mundo de los tickets: un solo chocolate podía costar 200 puntos. Aun así, nos dimos el gusto de llevar algunos y guardar el resto para una próxima visita.
Un regreso a la infancia en plena CDMX
Circus Park no solo es un parque de maquinitas moderno: es una máquina del tiempo para quienes crecimos en las arcades de los noventa y los dos mil. La mezcla de nostalgia, tecnología y diversión lo convierten en un lugar perfecto para niños, adolescentes y adultxs que quieren reconectar con ese niño interior. Si alguna vez pasaste tus tardes en una sala de juegos o si quieres que las nuevas generaciones vivan algo parecido, este lugar te sorprenderá.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.