En la colonia Condesa, donde los cafés, árboles frondosos y bicicletas definen el ritmo cotidiano, se encuentra uno de los conjuntos habitacionales más emblemáticos de la Ciudad de México: el Conjunto Mazatlán, también conocido como el Edificio Condesa.

Un pionero de la vida vertical en México

Construido en 1911 por el arquitecto Thomas Sinclair Gore —quien también diseñó el histórico Hotel Geneve—, este conjunto marcó un hito en la arquitectura residencial del país. En una época en que la vivienda se pensaba casi exclusivamente en horizontal, el Conjunto Mazatlán fue una de las primeras propuestas multifamiliares de gran escala, anticipando el estilo de vida vertical que décadas más tarde se volvería común en la ciudad.

Ubicado entre las calles Mazatlán, Juan de la Barrera, Pachuca y Agustín Melgar, el conjunto está compuesto por cuatro edificios de cuatro pisos cada uno, que en conjunto suman 216 departamentos. Rodeado por jardineras y con accesos directos a las calles, el conjunto ofrece una estructura abierta y conectada con el entorno. Años después se añadió una torre de diez pisos, que complementa la arquitectura original sin opacarla. A su alrededor aún sobreviven pequeños comercios tradicionales como la peluquería y la papelería, que le dan un aire de barrio entrañable.

Entre artistas, bohemia e historias de vecindad

A lo largo de su historia, el Conjunto Mazatlán ha albergado a generaciones enteras: desde familias europeas acomodadas que trabajaban para la compañía petrolera El Águila, hasta intelectuales, artistas y músicos que hicieron de este espacio un verdadero semillero cultural. En los años 60, era tan conocido por su aire bohemio que muchos lo apodaban cariñosamente “Payton Place”, en alusión a la famosa serie estadounidense.

Entre sus habitantes ilustres destaca la fotógrafa Ruth Lechuga, quien convirtió su departamento en un pequeño museo de arte indígena mexicano; o el escritor Juan Vicente Melo, cuya casa fue punto de reunión para integrantes de la Generación del Medio Siglo, como Juan García Ponce y Juan José Gurrola, quienes incluso jugaban en el terreno baldío frente al edificio.

El conjunto también fue hogar o refugio creativo para personajes como Leonora Carrington, Luis López Loza, Montserrat y Betsy Pecanins, Brian Nissen, Poli Délano, Mario Lavista, Laura Esquivel, Plácido Domingo, Pilar Pellicer, Francisco Gabilondo Soler (Cri-Cri) y Gabriel Zaid, entre muchos otros. Sus pasillos y balcones seguramente escucharon más de una historia, más de una canción o discusión filosófica entre amigos.

Patrimonio vivo

Por su valor arquitectónico e histórico, el Conjunto Mazatlán está catalogado como inmueble histórico por el Instituto Nacional de Bellas Artes, y sigue siendo un símbolo de la evolución urbana de la ciudad, donde conviven lo moderno con lo clásico, y lo privado con lo comunitario.

Hoy, este conjunto no solo guarda la memoria de quienes lo habitaron, sino que sigue siendo un espacio vivo: lleno de plantas, niños jugando, adultos mayores saludando desde las ventanas y jóvenes artistas buscando inspiración. En medio del bullicio de la Condesa, es fácil pasar frente a él sin imaginar que entre sus muros late buena parte del arte, la historia y la vida cultural de la Ciudad de México.