En el sur de la Ciudad de México, donde la lava petrificada convive con la memoria ancestral, el cielo sigue marcando rutas invisibles. Un reciente estudio sugiere que la antigua ciudad de Zona Arqueológica de Cuicuilco no solo fue un asentamiento temprano del Altiplano, sino también un observatorio simbólico donde la arquitectura dialogaba con el movimiento del sol.

La investigación, desarrollada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia en colaboración con la Escuela Nacional de Antropología e Historia, plantea que la traza urbana de Cuicuilco podría estar alineada con los amaneceres equinocciales, particularmente en relación con el cerro Papayo, un punto clave en el horizonte orográfico de la zona.

El equinoccio como eje de la vida ritual

De acuerdo con el arqueoastrónomo Aarón Uriel González Benítez, la trayectoria aparente del sol durante los equinoccios coincide con momentos específicos del calendario prehispánico, como las veintenas tozoztontli y teotleco. Estas correspondencias abren la posibilidad de que los antiguos habitantes de Cuicuilco integraran el paso del tiempo, el paisaje y la arquitectura en un mismo sistema de sentido.

Más allá del equinoccio “astronómico” convencional, el estudio propone la idea de un “equinoccio cultural”, definido por la forma en que cada sociedad interpreta y organiza los ciclos solares dentro de su propio calendario.

Arquitectura que mira al horizonte

Uno de los hallazgos más sugerentes es que no solo las estructuras prehispánicas presentan estas alineaciones. Edificios contemporáneos de la ENAH, como su sede principal, la biblioteca y la torre de investigación, comparten una orientación hacia el este geográfico, con un rango cercano a los 90 grados acimutales.

Esta coincidencia se hizo visible el 23 de marzo de 2026, cuando investigadores observaron cómo el sol emergía alineado con estas construcciones, replicando un patrón que ya estaba presente en Cuicuilco A y B hace más de dos mil años.

De la ciudad antigua a la traza urbana actual

El fenómeno no se limita al ámbito académico o arqueológico. En las inmediaciones también se identificaron alineaciones similares en espacios urbanos más recientes, como la colonia Isidro Fabela, lo que sugiere una continuidad inesperada entre el pasado y el presente.

Aunque no se puede afirmar que la ciudad moderna haya sido diseñada con esta intención, la coincidencia abre nuevas preguntas sobre la relación entre el territorio, la memoria y las formas de habitar el espacio.

Un conocimiento que sigue iluminando

En las sociedades prehispánicas, la ciudad no era solo un conjunto de edificios, sino un modelo del universo. Desde ahí se organizaban los rumbos, los ciclos y los rituales. La relación entre arquitectura, paisaje y sol funcionaba como una especie de calendario vivo.

Hoy, este tipo de estudios no solo amplía el conocimiento sobre el pasado, sino que también invita a mirar el entorno con otros ojos. En Cuicuilco, cada amanecer equinoccial parece recordarlo: el cielo no está separado de la tierra, solo espera ser leído.